¿Cuánto debes cambiar tus sábanas si tienes una vida sexual activa?

A la pregunta “¿cada cuánto lavas las sábanas?” las respuestas pueden ser variopintas. Prueba a hacerla entre tus conocidos y descubrirás el amplio abanico de frecuencias que vas a encontrar. Desde el que las cambia una vez al mes, cuando la propia sábana cobra vida y le insta a llevarla a la lavadora, a todos aquellos que las cambian cada vez que tienen sexo. Lo mismo ocurre con los pijamas: verás que encuentras gente que se cambia de pijama a diario (sí, sí, a diario) y otros que consideran que el pijama merece un capítulo aparte en el universo de la ropa y no hay que lavarlo nunca.


Pero vayamos al asunto que nos ocupa. ¿Cada cuánto debo lavar las sábanas si tengo una vida sexual activa, probablemente también promiscua, y quiero mantener la higiene en mi lecho? ¿Hay algunos consejos que deba seguir para evitar inconvenientes que van desde los malos olores al riesgo de contagios indeseados de patologías varias? He aquí algunos aspectos que deberías tener en cuenta:

Empecemos por el principio: airear. Más allá de cuándo laves tus sábanas, hay algo que debes acostumbrarte a hacer a diario: airearlas convenientemente. Acostúmbrate, pues, a abrir un ratito las ventanas de tu cuarto, por mucho frío que haga, y dejar las sábanas al aire para que se ventilen. Nada de colocar el nórdico como podamos nada más saltar de la cama y olvidarnos durante el resto del día.

Si nuestra actividad nocturna ha sido normal (esto es, no hemos tenido mocos, sudores, intercambios gloriosos de fluidos y hemos aterrizado en el lecho convenientemente duchados), hay que lavar las sábanas una vez a la semana. Piensa que son una fuente de bacterias, ácaros, células muertas, fluidos genitales, materia fecal, orina y otras lindezas que puede que liberemos durante el sueño sin darnos cuenta.

Asegúrate de lavarlas y secarlas correctamente. Si en alguna ocasión has recogido las sábanas ligeramente húmedas, las has guardado y cuando has ido a colocarlas te has dado cuenta de que tienen un olor ligeramente rancio, entonces es que lo has hecho fatal. Las sábanas tienen que oler a limpio y fresco: si no es así, conviene lavarlas por segunda vez.

Si tras una sesión de sexo no lavamos bien las sábanas, podemos encontrarnos con contagios que pueden ir desde hongos a pie de atleta. Para eliminarlos por completo, es fundamental lavar las sábanas a una temperatura muy alta (unos 60º) y secarlas correctamente al sol.

Los virus de la gripe y otras afecciones van a correr como la pólvora si no cambiamos y lavamos correctamente las sábanas. Si te ha acompañado en el lecho alguien que, además, disfruta dejando el pañuelo lleno de mocos bajo la almohada, no te decimos más. ¡Corre a la lavadora!

Es habitual que tras una sesión de sexo, los amantes duerman desnudos. Mayor riesgo de contacto de todo tipo de fluidos genitales y corporales con nuestras sábanas, y razón de más para cambiarlas en cuanto nos sea posible. Ladillas y sarna pueden contagiarse a través de las sábanas, cosa que no ocurre con otras enfermedades de transmisión sexual.

– No olvides que en una cama sin cambiar hay una mayor presencia de ácaros y otros alérgenos, algo especialmente terrorífico para aquellas personas que padecen alergia. Si es tu caso, deberías ser especialmente cuidadoso con la higiene de tu cama.

Si tras una sesión de sexo habéis sudado mucho, no lo dudes: cambia las sábanas de inmediato. Y si eres de esas personas que sudan mucho por las noches, tampoco es necesario que las cambies a diario, pero sí sácalas y deja que se aireen. De lo contrario no se secarán bien y cuando te acuestes por la noche seguirán húmedas. Mal negocio si quieres evitar resfriados.

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