¿Cuándo fue la última vez que amaste con el mundo entero en contra?

No hay papel peor invertido que el que se ha gastado en escribir sobre estrategias amorosas. Se han escrito miles de libros, artículos e incluso, estudios científicos sobre el arte de triunfar en la conquista amorosa, pero intuyo que ese terreno no está sujeto a reglas o normas, que no hay leyes inmutables que funcionen para asegurarse el amor de nadie, ni tan siquiera su deseo sexual. No hay trucos ni filtros de amor que valgan, ni coach del amor que pueda asegurarte el éxito con una persona concreta. Hay algo intangible en el amor que lo convierte en escurridizo e imprevisible, un imponderable que hace que la única estrategia a seguir sea cruzar los dedos y esperar que funcione.

El amor es un terreno pantanoso donde uno se adentra sin saber muy bien dónde pisa, y en cada nueva incursión caducan los viejos mapas. La estrategia en cuestiones amorosas está sobrevalorada, opino que la mejor alternativa es guardar los remos y desplegar las velas, que el viento te empuje adonde le plazca, porque seguro que es mejor capitán de barco que tú.

Couple have fun in the city

Así que, generalmente, la gente se enamora y se desenamora a su libre albedrío. Me resulta especialmente molesto cuando alguien, sin que medie ningún tipo de intención por mi parte, sin que le haya sonreído, sin que haya desplegado una de mis irresistibles caídas de ojos ni haya ejecutado un perfecto cruce de piernas, se enamora de mí. Así, por su cuenta y riesgo, sin encomendarse a Dios ni al diablo. Me refiero a cuando alguien en quien casi no habías ni reparado se presenta un día con los planos de vuestra nueva vida juntos y tú lo escuchas anonadada mientras repasas mentalmente las salidas de emergencia. Por el contrario, en otras ocasiones, pones toda tu maquinaria de guerra a funcionar y no hay manera. Indiferencia absoluta. Le prestas atención, le retiras tu atención, sonríes mucho, sonríes poco, te haces la tonta, te haces la lista, hablas con voz suave, hablas como una cheerleader… nada parece funcionar.

Una peculiaridad de las personas que se enamoran de ti sin tu consentimiento es que les interesas única y exclusivamente como pareja. Y aunque seas tan inteligente, ocurrente y divertida como te dicen cuando te declaran su amor, no tendrán ningún tipo de interés en ti fuera de ese estatus. Solo les vales como pareja, como amiga no vales una mierda. Esto nunca deja de sorprenderme y se repite siempre sin excepción.

Puede que la explicación sea que la mayoría de las personas no se enamoran, simplemente se les antoja una pareja porque la encuentran conveniente, adecuada o ventajosa. Porque les apetece pavonearse por ahí del brazo de una rubia que les saca 10 cm. O porque todas sus amigas se van a morir de envidia cuando les presente a su novio neurocirujano. O porque papá y mamá van a estar súper orgullosos con el fichaje. O porque quieres demostrarle al mundo que estaba equivocado cuando te ninguneó, dándole en las narices con el novio perfecto. Pero sospecho que eso no es amor. Tal vez sea orgullo, competición, vanidad, conveniencia… pero amor, no. ¿Cuándo fue la última vez que te enamoraste de alguien que no te convenía? ¿Cuándo fue que no pudiste evitar amar a alguien que no cabía en tu vida y la puso patas arriba? ¿Cuándo fue la última vez que amaste con el mundo entero en contra?

Como decía Julio Cortázar en ‘Rayuela’: “Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al revés. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto.”

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