¿Cuáles son las diferencias entre hacer el amor y follar?

¿Se puede hacer el amor con una persona que acabas de conocer? ¿Es necesario haber dicho “te quiero” a tu pareja para dar un nuevo nombre al sexo que tenéis juntos? ¿Por qué hay quienes dicen que follar es una versión más divertida del acto sexual?

Aunque hay opiniones para todos los gustos, parece existir cierto consenso en la separación de ambos términos.

El lenguaje: ¿Es importante cómo lo llamemos?
En un lado se sitúan quienes denominan indistintamente al acto sexual y restan valor al empeño generalizado de diferenciar un término de otro. En el extremo contrario están quienes en ningún momento utilizarían la palabra “follar” para definir la unión de dos cuerpos; una decisión, la suya, que pretende ser interpretada como gesto respetuoso hacia la otra persona, y que a la vez guarda coherencia con sus principios.

El sentimiento: ¿Es necesario estar enamorado?
Parece bastante razonable exigir cierto sentimiento a una expresión como “hacer el amor”. Sin embargo, una mayoría coincide en que su uso es menos riguroso que el del concepto “enamorarse”: Siempre que exista cariño, confianza o cierto conocimiento mutuo podría ser admitido en el vocabulario de la pareja. Por supuesto, un perfil de individuo mucho más independiente y cerrado al compromiso desaparecerá sin dejar rastro la primera vez que lo escuche.

Passionate couple is having sex

El propósito: ¿Cómo de importante es satisfacer al otro?
Un modo básico de diferenciar ambos conceptos, follar y hacer el amor, sería poner en un lado a quienes con el sexo buscan únicamente la satisfacción propia, y en el otro a quienes otorgan prioridad al placer de la pareja. Sin embargo, la experiencia nos dice que esta división no depende tanto del momento en que está la relación, sino sobre todo del modo de ser de los participantes. Hay personas que encuentran mayor interés en el goce de su pareja que en la obtención del placer físico; en unos casos por una simple cuestión de empatía y en otros por la necesidad de proteger su amor propio.

La diversión: ¿Es más aburrido hacer el amor?
Los más conservadores dirán que el amor se hace fundidos en un abrazo, sintiendo el cuerpo del otro, con besos y caricias permanentes, porque cualquier otra opción sobrepasará la línea del respeto. Por suerte, se trata de una mentalidad en desuso: cualquier postura, cualquier ritmo, cualquier lugar y cualquier juego es compatible con el amor, lo que concede al término la posibilidad de incluir tanta diversión como los participantes busquen.

El tiempo: ¿Cuánto dura el sexo en uno y otro caso?
El término “follar” se ha ganado cierta mala fama, entre otras razones, porque su uso se asocia en ocasiones a los actos sexuales breves: el clásico “aquí te pillo, aquí te mato”. Quedaría excluido entonces cualquier tipo de preliminares, y muy especialmente los que dejen aflorar algún tipo de cariño: besos delicados en cualquier zona del cuerpo, caricias con las yemas de los dedos, masajes en la cabeza, el cuello o la espalda… Hay quienes incluso descartan que este tipo de polvo pueda incluir sexo oral, o al menos con la dedicación y la constancia que garantiza el éxito.

El compromiso: ¿Te quedas a dormir o no?
Una diferenciación habitual entre ambos términos descartaría compartir horas de sueño cuando las dos personas están de acuerdo en que sólo se trata de sexo. ¿Es incompatible entonces follar con quedarse a dormir? Las opiniones más flexibles restan importancia a esta regla, y de hecho se la saltan. Muchas veces, este tipo de límite roba mayor libertad a los implicados que el propio hecho de tener que compartir la cama. Si quieres y quiere, ¿dónde está el problema?

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