¿Cuáles son las 8 profesiones que más ligan?

Sabes que ligan cuando los ves pasar delante de ti en la fila de la puerta de embarque: pilotos y azafatas. Con esos uniformes tan elegantes, esos cuerpos fibrosos, ese don de gentes, esas vidas tan viajadas… Sí, sabes que esa azafata te haría sombra en cualquier discoteca y sin necesidad siquiera de abrir la boca. Y tú igual: eres consciente de que ese amigo de tu amigo, el piloto de tal compañía, se las lleva de calle mientras que a ti te cuesta sangre, sudor y lágrimas ligar por las noches. Lo sabemos: hay profesiones que, por distintas razones, forman parte del imaginario de las fantasías sexuales de hombres y mujeres en el que mucho tiene que ver el uniforme del que las viste. Y eso ya supone mucho ganado a la hora de ligar.

Porque claro, ¿qué tiene más morbo, decir en la barra del bar que eres el encargado de archivos de la Oficina Española de Patentes y Marcas o que eres bombero y que te juegas la vida apagando incendios (con el posible juego de palabras de manguera y fuego en el cuerpo, por ejemplo). En efecto, no hay color. Hoy enumeramos las profesiones más ligonas: si trabajas en una de ellas, enhorabuena ligón/a. Y si no, consuélate diciendo que al fin y al cabo trabajas en lo que te gusta. Porque te gusta, ¿no?

Los que surcan los cielos: pilotos, copilotos, azafatas… No sabemos cuánto le deben al uniforme y cuánto a una actividad no exenta de riesgos. O a su conocimiento del mapamundi. Lo cierto es que, seas hombre o mujer, te costará no volverte ante un piloto con su elegante chaqueta y su gorra o ante una azafata de piernas estilizadas (las de algunas compañías como Emirates o Singapore Airlines son además, bellísimas). Y seguro que fantasearás con hacértelo con la azafata en el baño del avión (no entendemos muy bien esta fantasía, considerando las estrecheces del mismo) o con el piloto en la cabina (y a ser posible en los momentos previos al aterrizaje, por darle más emoción). En definitiva, si ocupas alguno de los anteriores puestos (no, mantenimiento de aviones no es tan glamuroso) tienes muchas posibilidades de acabar la noche en tu o su habitación.

Bomberos: Situarlos antes que los policías en esta escala no es azaroso: tienen mejor prensa y no solo porque rescaten gatitos de los árboles, sino porque su trabajo es menos violento y se han granjeado las simpatías generales oponiéndose a ejecutar desahucios, por ejemplo. ¿Quién no ha querido alguna vez comprarse un calendario de bomberos? Ese almanaque que imprimen para sacarse unos cuartos extras para el parque en concreto, pero que quedaría de perlas en tu cocina con esos cuerpos fibrosos, aceitosos, morenos, viriles, torsos desnudos con pantalón de uniforme desabrochado y manguera (la de regar) en mano. Confiesa pillina: te gustan los bomberos y mucho. Su cuerpo atlético y que se jueguen el tipo cada vez que suena la sirena tiene mucho que ver con que a ti se te encienda la líbido.

Policías antidisturbios: En una ocasión escribí una oda a favor de los antidisturbios, no porque me guste que me aporreen sino porque están buenorros, y una amiga de izquierdas me criticó diciéndome que cómo podía afirmar semejante cosa. Me reafirmo: lo están. Y en que nos gusten tiene muchísimo que ver también el uniforme: el casco, esas botas de patear cabezas, el chaleco, los guantes, los pasamontañas… Toda una estética violenta que adorna unos cuerpos trabajados dentro y fuera del gym. Y no, no estamos valorando lo erótico de una conversación sobre Bukowsky, sino simplemente un desnudo de infarto.

Portrait Of Sexy Nurse

Enfermeras: En esta profesión también tiene mucho que ver el uniforme y la costumbre de disfrazarse como cuidadoras de la salud en Carnavales o en noches tórridas. Las enfermeras ponen al público masculino y mucho tiene que ver esas películas porno en las que las actrices simulan cuidar de tu salud, jeringuilla en mano, y esas falditas cortas enseñando liguero.

Puestos relacionados con actividades físicas: entrenadores personales, profesores de educación física, monitores de esquí, de pádel… ¿Quién no ha tenido un rollo con su profesor de esquí durante unas vacaciones en la nieve? ¿Quién no ha fantaseado con tirarse al profe de pádel o al monitor de boxing del gimnasio? Sí, estos chicos/as viven de su cuerpo y por extensión, lo cuidan hasta la saciedad y a ti te hacen babear cuando les ves.

Presentadores/as de televisión: La imagen es el mensaje y, con este axioma, no es de extrañar que si trabajas en la tele tengas admiradores a raudales y no te sea difícil ligar. En este caso no tendrás ni que decir en qué trabajas porque todo el mundo te conocerá.

Fotógrafos: En este caso, el morbo no viene por uniforme alguno ni por tener un cuerpo de infarto, sino por lo evocador de la profesión. Un fotógrafo/a viaja, se arriesga en muchas ocasiones, conoce mundo, es como una enciclopedia con patas, sabe de todo, es misterioso (sí, también egocéntrico), acumula experiencias vitales que a ti, que tu mayor riesgo es comprar Deliplus cuando estás acostumbrada a Estée Lauder, te fascinan. Sí, los fotógrafos/as ligan y ojo, ellos/as lo saben, así que suele ser habitual que el ego sea del mismo tamaño que el objetivo de la cámara. Grande.

Reporteros de guerra: He aquí otra profesión que atrae por lo arriesgado/evocador de la misma. Es decir “yo cubrí la primera guerra de Irak” y se nos hace el culo pepsi-cola. Hay reporteros que incluso se vanaglorian de ello (en este caso es válida también la anterior explicación sobre los egos). En una ocasión uno me explicó el denominado “efecto tarima”, que, según él, era el efecto que tenía en las mujeres cuando ofrecía una ponencia sobre su trabajo: “Luego ellas se acercan a ti, en la tarima, para preguntarte sobre todo y así, ya tienes fácil la noche”. Como un efecto llamada macho-hembra de un documental de la 2, pero intelectual.

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