¿Cosifican las muñecas sexuales a las mujeres?

Robótica, sexualidad y feminismo son tres temas ineludibles para arrojar un poco de luz a esta pregunta. La controversia empezó a propósito de Harmony, considerada la primera muñeca sexual con inteligencia artificial, que además de ser físicamente hiperrealista, era capaz de gemir y hasta de tener un (robótico) orgasmo. El debate continuó con la apertura de un burdel de muñecas sexuales en París y otro en Barcelona. ¿Estamos ante sofisticados juguetes sexuales? ¿Se parece más nuestro futuro sexual a un capítulo de Black Mirror? ¿O acaso esto es un ejemplo de degradación de las mujeres a través de su cosificación?

Según sus creadores (y más acérrimos defensores) las muñecas sexuales son la masturbación del futuro, un sofisticado complemento para la vida erótica. Las más logradas oscilan entre los 5.000 y 25.000 euros. Sin duda toda una inversión y no sabemos si del todo rentable: para decepción de algunos hablamos de un producto que todavía no sabe ni hacer una paja. Consciente de tratarse de un objeto de lujo, el mercado se reinventa y ofrece a las muñecas a modo de experiencia. Los burdeles de muñecas sexuales ya son toda una realidad en Alemania, Reino Unido, España o Países Bajos. Para algunas personas, esto es una posibilidad liberadora a mano de la tecnología y para otras se trata de un fenómeno incómodo. ¿Dónde poner el límite?

A menudo los avances de la tecnología se juzgan desde el miedo a lo desconocido y evitan que pongamos la atención en otras posibilidades. Este nerviosismo incluso se acrecienta cuando se trata de cualquier novedad relacionada con lo sexual. En el caso de las muñecas sexuales no solo están concebidas para hacer realidad fantasías individuales sino que también se prestan para disfrutar y explotar nuevas experiencias con una pareja. Por ejemplo, ofrecen la posibilidad de hacer un trío con una muñeca sexual sin introducir a otra persona, evitando que la pareja pudiese enfrentarse a emociones tan fuertes como los celos, la inseguridad o la desconfianza. Sin duda, una forma segura de vivir un ménage à trois y evitar que se crucen sentimientos con terceros. También pueden ser muy útiles cuando una persona no es físicamente atractiva, tiene dificultades para establecer vínculos sexo-afectivos o cuando ante una enfermedad, pérdida o duelo no se sienta preparada para establecer una nueva relación.

Woman's hand holding dildo in bed

Algunas voces cuestionan las bondades de estas muñecas

En el otro lado de la discusión, encontramos varias voces que cuestionan las supuestas bondades de las muñecas sexuales. Es indiscutible que reproducen el ideal de belleza hegemónico. Muñecas de constitución delgada, frágil, estatura media o baja, grandes pechos, nalgas turgentes y cintura de avispa. No hay rastro de arrugas, celulitis o cicatrices. A algunas se les dibujan pecas, tímidos lunares o tatuajes. Son muñecas inspiradas en la actual belleza de consumo. Pero, ¿tiene esto un impacto real en su autoestima? ¿Tan frágiles son las mujeres como para no soportar la idea de que este tipo de muñecas ofrecen una fantasía sexual?

Quizá sí pueda ser interesante que estas muñecas tuvieran una apariencia física más diversa. Si echamos un ojo a la industria del porno más allá de los vídeos seleccionados en la página principal de un servidor, podríamos darnos cuenta de la gran variedad de físicos, especialmente en el porno amateur. Dicho esto, cabe preguntarnos, ¿cuántas mujeres en el mundo tienen fantasías sexuales (con todos mis respetos) con hombres excesivamente peludos, con sobrepeso, pene pequeño y que tengan la cara de Donald Trump? Seguramente muy pocas. Pese a los bombardeos mediáticos, las personas, cuando nos masturbamos, tendemos a tener fantasías sexuales con aquellas mujeres, hombres o situaciones que nos parezcan atractivas o excitantes.

En España, el debate sobre si las muñecas sexuales cosifican o no a la mujer tiene de momento poca envergadura. Pese a ello, creo que es hora de ponernos serias y dejar el moralismo hacia un lado: el hecho de que una muñeca sexual tenga cara, pelo natural, vagina y gima no la hace humana. Hablamos de cosificación sexual cuando se juzga a una persona como un objeto sexual, pues se reducen sus atributos físicos y sexuales al placer de un otro, evitando asimismo valorar otros aspectos de su persona. La definición de cosificación sexual habla de mujeres reducidas a objetos no a objetos que tienen apariencia de persona. Por tanto, no parece muy exacto poder calificar un trozo de silicona que imita una apariencia humana de cosificación sexual y deducir una supuesta afectación o impacto negativo en la experiencia de las mujeres. En una línea de discusión similar, ¿no crees que sería muy irrisorio plantearse si acaso un dildo cosifica a un hombre cisgénero o lo humilla porque imita un pene mutilado? Si a los dildos no le ponemos excusas, ¿por qué deberíamos hacerlo con las muñecas sexuales?

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