Cosas sobre sexo que debes explicar a tus hijos

Antes de que un menor “nos atropelle” con ciertas preguntas sobre sexo, debemos estar listas para entender su curiosidad y despejar mínimamente sus dudas. Es importante prepararse para saber qué se va a decir y cómo. La información es fundamental, pero también la forma en la que la transmitimos. Mentir, esquivar los interrogantes, abordarlos con un pudor absoluto o reírse a carcajada limpia ante sus ocurrencias (por cómicas que sean), puede hacer que el resultado sea poco satisfactorio.

En edades tempranas, las preguntas más frecuentes suelen girar en torno a la diferenciación sexual (“¿Por qué mi cuerpo es diferente al de mi hermano?”) o el origen del nacimiento (“¿Cómo nacen los bebés?”). Lo ideal es empezar a  hablar de sexo con tus hijos a medida que comiencen a nombrar y conocer su cuerpo. El momento del baño puede facilitar este tipo de conversaciones y dar lugar a otras relacionadas con la privacidad y el consentimiento. El truco está en hacerlo en la medida de su curiosidad, con honestidad, evadiendo explicaciones magistrales y valorando sus conocimientos previos.

Con la llegada de la adolescencia, la educación sexual debe continuar y hacerse más accesible. No podemos olvidar que ésta forma parte de la educación integral de la persona e incluye cuestiones relativas a la salud (conocimiento de métodos anticonceptivos, enfermedades de transmisión sexual o uso del preservativo) y a la afectividad (enamoramiento, inseguridades y primeras decepciones amorosas). Aunque a estas edades la capacidad de juicio es mayor, desconocen cómo actuar en la gran mayoría de situaciones relacionadas con el sexo.

Handsome man doing tasks with his son

Los adolescentes buscan respuesta en amigos e Internet

Debemos tener en cuenta que los adolescentes buscan respuestas a todo aquello que tú no le cuentas en Internet o a través de sus amigos, que a menudo controlan los temas sexuales a modo de teléfono roto. Esto es a menudo una fuente de falsos mitos, conocimientos erróneos y comportamientos hipócritas. Por ello, las familias, tienen que desempeñar un papel de guía, facilitando herramientas sociales para activar su sentido crítico (sobre todo en este periodo de la vida donde son tan influenciables por el entorno) y la toma de decisiones.

Aprender a respetar lo íntimo. Las redes sociales son el hábitat natural de los adolescentes de hoy y poseen sus propios riesgos. No se trata de prohibir su uso sino de incentivar el uso consciente de la tecnología, más concretamente lo que respecta a la privacidad. El sexting (intercambio de fotos personales de contenido sexual) es una práctica extendida entre los jóvenes. El problema viene cuando uno de los miembros de la relación, por situaciones de celos, chantaje o venganza, comparte sin consentimiento las fotos del otro. Esto es lo que se conoce como sextorsion. Ante este peligro, el consejo el doble. Por un lado, hay que advertir que el envío de una imagen propicia que se pierda el control sobre ella. Y por otro, insistir en que el envío y difusión de esas imágenes puede ser considerado un delito.

Todas las relaciones tienen un principio y pueden tener un final. Aunque algunos adolescentes eligen abiertamente vínculos fugaces, sin marañas emocionales; otros, en cambio, viven auténticos “cuentos de hadas” que terminan como verdaderas “pelis de terror”. No aceptar el cambio, aferrarse a relaciones tóxicas o normalizar conductas propias de la violencia machista suelen ser las situaciones que más sufrimiento provocan a los adolescentes. Merece la pena que hagamos un hueco en las conversaciones con nuestros hijos sobre todo esto: si duele, si te controla, si te hace estar triste, no puede ser amor.

El porno, la asignatura pendiente. La era de la información y las nuevas tecnologías propicia un escenario “ideal” para satisfacer su curiosidad. No obstante, la inexistencia de límites y la falta de información sobre qué es y qué implica la sexualidad, genera la creencia de que lo que aparece en el porno es el sexo real, el sexo que siempre gusta y se desea.

Tanto si somos conscientes (o no) de que nuestros hijos consumen pornografía, debemos inculcarles unos filtros básicos que les permitan juzgar esos contenidos como ficción, como fantasías. También es interesante hacerlo en clave positiva. Por ejemplo, insistiendo en que el sexo es mucho más placentero y sano si lo hacemos sin sexismo, con comunicación, asegurando el consentimiento sexual  y siempre con la protección adecuada.

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