Cosas que no te han contado sobre la copa menstrual (y que no molan tanto)

Es algo más que una moda: quienes se acostumbran a usarla abandonan para siempre los tampones y aprovechan el menor acercamiento de otra fémina para sacar el tema e informarle de que la copa menstrual es uno de los descubrimientos más útiles de su vida.

Mi experiencia comienza precisamente en una de esas reuniones donde todas excepto tú la usan. Se pisan unas a otras intentando convencerte de sus virtudes: Que si evita el síndrome de síndrome del shock tóxico, que si es perfecto para reglas abundantes, que si te ahorras una pasta…

Y, desde luego, todo eso es estupendo. Con una pequeña inversión de 20 euros, te olvidas de comprar compresas y tampones durante años, lo que además de un interesante ahorro económico es una buena noticia para el medio ambiente.

Menstrual cup

Sin embargo, hay ciertos detalles que me hubiera gustado conocer antes de enfrentarme a mi primera copa menstrual.

Puede que no aciertes con el tamaño
Por lo general, las marcas las venden de dos tallas. La pequeña sería perfecta para mujeres con poco flujo y para menores de 30. A partir de esa edad, o después de haber sido madre, habría que usar la grande. Como el principal motivo que me convenció fue el flujo elevado y he superado la frontera del tres, me decanté por la segunda. Sin embargo, me siento mucho más a gusto con la primera. Puede que te toque comprar los dos tamaños y comparar sensaciones.

Incompatible con un baño público
Cada vez que te la quitas, debes vaciarla y al menos pasarla por el agua, por lo que tendrás que hacerlo en casa. Como puedes mantenerla dentro hasta 12 horas, no parece complicado que vaya a darte tiempo en ese plazo a encontrar un baño en el que te sientas cómoda. Sin embargo, los primeros dos días de regla, cuando el flujo está más descontrolado, es probable que necesites hacerlo mucho antes. Si tu jornada laboral es de 8 horas, le sumas una para comer y otra para el transporte… no descartes mancharte antes de llegar a tu destino.

La colocación tiene su ciencia
Antes de introducirla en la vagina, es necesario doblarla ligeramente. Si estás acostumbrada a los tampones con aplicador, la sensación te resultará mucho más desagradable. Una vez dentro, se supone que la copa se abrirá y quedará perfectamente colocada, pero mi experiencia no es exactamente esa: cuando se resiste a desdoblarse, no hay quien pueda con ella. Las primeras veces probarás a empujarla sin demasiado éxito, o la sacarás y meterás varias veces con el mismo resultado. Si te rindes y la dejas así, te mancharás casi al instante, así que te tocará insistir. Un buen día encontrarás la postura y la posición con la que se abra a la primera, y no volverás a improvisar.

El pitorrito molesta
La copa cuenta con una prolongación en la zona inferior que te ayudará a sacarla. Las instrucciones te recomendarán cortar una pequeña parte si te resulta molesto, pero no tengo muy claro si es mejor el remedio o la enfermedad, porque al meter la tijera corres el riesgo de que el extremo pinche. Me consta que esto no le ocurre a todo el mundo, pero cuando llevo varios días seguidos usándola, estoy deseando acabar con el periodo sobre todo por el roce del pitorrito.

Quitársela no es tan fácil
La primera vez que me enfrenté a ese momento, debí de estar en el baño unos 20 minutos. Después de tantos años usando tampones, estaba convencida de que, con tirar hacia abajo, la copa saldría. No contaba con la posibilidad de que hiciera ventosa: cuanto más tiraba, más lejos estaba de conseguir sacarla. El truquito infalible consiste en introducir el dedo por un ladito para liberar el aire y empujar levemente con la musculatura vaginal. Pero ojo: mide el impulso si no quieres poner el baño perdido. Sé consciente de que la copa debe ser extraída en posición vertical, sin derramar una gota.

Ninguno de estos inconvenientes me han hecho abandonar su uso, pero me hubiera gustado que alguien me contara todo esto antes de probarla. Espero que os sea de utilidad.

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