Así es como se lo montan los chicos que salen solos y siempre ligan

El otro día, en una cena, salió el tema. ¿Salir solo o no?, y ya que nos ponemos, ¿hay alguna posibilidad de pillar cacho yendo en plan lobo solitario? Una amiga lo tenía claro: “Un tío que esté solo en un bar y que se me acerque lo lleva crudo, lleva la palabra chiflado escrita en la frente”. Otro comensal le dio la réplica: “Conozco a un tío que, siempre que quiere pillar, sale solo, y que tiene unas técnicas nivel CSI para conseguirlo”. “Pero, ¿lo logra?”, pregunté yo. “Sí, sí, casi siempre le sale bien”.

Le pedí su teléfono a mi colega con la intención de hablar con ese master del salir de uno, con ese grande de la fiesta impar, con el campeón mundial del no-necesito-a-nadie-para-pasármelo-bien. “Sí, yo soy el tío que sale solo. Y que pilla”, me respondió cuando contacté con él para escribir este artículo. “¿Y cómo lo haces?”, le pregunté, nervioso, consciente de estar hablando como una leyenda, al nivel de El Dioni o Chiquito de la Calzada –cada uno en su terreno-. Esto fue lo que me dijo.

Primero. No lo hagas en fin de semana. Ojito, a Soloman (que así lo vamos a llamar para respetar su anonimato y que pueda seguir triunfando) le gusta actuar fuera del terreno del viernes y sábado noche. “Un tío en finde saliendo solo puede dar imagen de loser: el resto de la semana tienes más excusas”. Un juernes es el día ideal: tus amigos pueden estar liados, pero tú sales a tomarte una (o dos), porque tienes personalidad.

Segundo. Cuida el atrezzo. Soloman se maquea para sus incursiones, vigilando hasta el más mínimo detalle. “Sales solo, pero eso no quiere decir que lo tengas que hacer en chándal”. Además, hay que llevar complementos: una buena novela –de bolsillo y que sea cool, no vale el último libro de Belén Esteban- o una tableta, para distraerte consultando The New Yorker mientras fichas al personal en busca de tu posible conquista.

Tercero. No bebas. De más, se entiende. Soloman es un auténtico experto en medir el tempo. Amorrarte a la botella o trasegar cañas una tras otra no da buena imagen. Debes pedir un tercio, un vino o una copa, y tomártelo a sorbitos. “Es un signo de clase y de elegancia: no tienes prisa y no sales a emborracharte. Estás esperando a la mujer perfecta”, nos explica nuestro líder espiritual.

Cuarto. Nunca estés de pie parado en medio del bar. “Eso es muy de pringaos y da imagen de perrito desvalido en una calle lluviosa: no mola”, sentencia la voz profunda de Soloman al otro lado del teléfono. “Debes elegir entre barra, sofá o silla en mesa –mesa pequeña, claro-“. Lo que tiene que quedar claro es que estás a tu aire, relajado y bien ubicado.

Surfing the net in bar. Side view of young man working on digital tablet while sitting at the bar counter

Cinco. Usa el móvil. Moderadamente. Tiene que estar claro que eres una persona social que HOY ha ELEGIDO salir solo. “Llama a algún colega, consulta el whatsapp, chequea de vez en cuando tus perfiles en redes sociales…”, recomienda Soloman. Eso sí, sin pasarte: hoy no lo vas a hacer vía Tinder, hoy juegas sobre el terreno.

Seis. Habla con la gente. “Ojo, no en plan señor desdentado que te aborda en la calle para hablarte de los extraterrestres, sino en plan tío con don de gentes”. Pregúntale algo al camarero, a un grupo, a otra chica… déjate querer, aunque ya hayas establecido contacto visual con tu objetivo. Que vea que tienes más opciones.

Siete. Hazte el misterioso. Esto es quizá lo más complicado, porque hay que compatibilizarlo con todo lo anterior y jugar con la mirada y el lenguaje gestual. “Se trata de que la tía en cuestión se acabe preguntando, ¿por qué está solo este tío?, ¿en qué está pensando?, ¿quién es?”. Si logras que se haga esas tres preguntas, vas por el buen camino”.

Ocho. Construye una historia. “¿Cómo has acabado solo en un bar? Pues hay mil opciones: sales del trabajo y te tomas una porque acabas de entregar un proyecto importantísimo y bla-bla-bla, vienes del cine de ver una película iraní que nadie más quería ver, sales de un concierto de un grupo que nadie más conoce pero que es la leche, acabas de ver a un amigo que está ingresado en el hospital a vida o muerte… No se trata de mentir por mentir, pero sí de hacer ver que lo de ir a tomar algo es un plan que ha ido surgiendo así, sobre la marcha, y que no es premeditado. Así darás la imagen de que eres un tío espontáneo y con personalidad y te la acabarás ganando para tu causa”, nos explica Soloman, generoso a la hora de repartir su sabiduría en el noble arte del ligoteo individualista.

Nueve. Un plan B nunca viene mal. ¿Y si la cosa se tuerce? “Tanto para el caso de que te estés aburriendo porque la cosa no marcha o para el otro extremo, que, de repente, haya más de una chica dándote la réplica, conviene siempre tener a un colega cerca –en casa, en otro bar, eso da igual- para que te eche una mano”. Aquí Soloman se suelta y nos cuenta que no, que no siempre ha trabajado solo: “Durante una temporada, salí con un amigo, íbamos a los bares y fingíamos no conocernos. Cuando uno necesitaba del otro para hablar con un par de amigas o para que le echara un cable con algo, establecíamos contacto visual. Éramos como Batman y Robin. A ver, yo era Batman, claro”.

Diez. Eres el gestor de tu propio destino. “Mira… (pausa dramática de Soloman), hay una cosa que he aprendido tras noches y noches de caza solitaria: si vas por tu cuenta, eres el dueño de tu propio destino. Un sábado por la noche, un grupo de amigos borrachos pueden arruinarte el plan. Si solo estás tú, tanto los aciertos como los errores dependen de ti. Tú llevas el timón de tu noche”… Y con estas palabras se despide de nosotros nuestro gurú del ligoteo sin escolta, del flirteo sin carabina, el Juan Palomo de la conquista de bar. Nunca volveremos a mirar con los mismos ojos al tío que se toma sol y sombras, solo y acodado en la barra, en el bar de abajo…

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