Cómo reconocer a un adicto/a al romance

¿Tienes una amiga que, cada dos meses, cambia de novio como quien cambia de peinado? ¿O quizá un colega que no es capaz de resistirse a tirarle los trastos a cualquier muchacha o muchacho que pase por la calle? Puede ser que sean adictos al romance Esto es, hablamos de gente que, si no están inmersos en la efervescencia de una nueva relación cada cierto tiempo, lo pasan mal, se agobian o, directamente, se deprimen.

En 1982, el filósofo francés Jules de Gaultier lo denominó síndrome de Madame Bovary, en referencia a la heroína de la novela de Gustave Flaubert (si no la habéis leído aún, a por ella, que es muy buena). Ojo, que también se aplica a los hombres con el término de donjuanismo. La verdad es que no es difícil detectar a las personas que padecen este trastornito y que nos pueden poner la cabeza muy loquer.

Andan siempre a la búsqueda de un amor ideal e imposible. Como el de las películas, cuentos de hadas o el último best seller de chick-lit. Lo importante es que esa persona sea (o al menos parezca) absolutamente maravillosa, porque esto convierte todo en mucho más interesante (para ellos, claro).

Una vez que lo tienen, lo disfrutan solo un ratito. Vamos a suponer que consiguen a esa persona ideal, increíble, top de la muerte… Pues bien, mientras la efervescencia del romance existe, todo va como la seda. Cuando esa llama inicial se apaga, comienza la frustración y el “hay que seguir buscando”.

red hearts and syringe on wooden background. Drug Addiction Concept

Buscan una nueva relación cuando aún están inmersos en otra. El efecto expectativa vs. realidad lleva a que esa persona, aunque inmersa en una relación, ande ya a la búsqueda de otras. Esto provoca una inestabilidad en sus relaciones sentimentales, jalonada de cuernos e infidelidades varias.

Dejan de lado todo lo demás para buscar el amor. ¿Reuniones de trabajo? A la porra. ¿Compromisos familiares? Pasando. Lo importante es intentar quedar con esa persona que se ha conocido o con la que se ha medio chateado porque el amor es lo más importante del mundo y bla, bla, bla…

Apostar el romance como vía para tapar otras carencias. El enamoramiento como solución a todo: problemas con el tabaco, con la hipoteca, con el trabajo, con el sobrepeso… La llegada de una nueva (y maravillosa) persona todo lo solucionará, piensan los adictos. Y en ello ponen todas sus esperanzas.

Si no hay ese amor pasional, el bajón está asegurado. Las personas adictas al romance experimentan profundos estados de depresión, y desesperación si no tienen eso que desean. Es decir: si no están enamorados, aunque el resto de su vida vaya razonablemente bien, no están contentos.

La conquista es autoafirmación, en muchas ocasiones. Esto sucede mayoritariamente en el caso de los hombres con donjuanismo, pero también en el de las mujeres. La conquista y el romance sirven como autoafirmación del atractivo personal o como vía de demostración, sobre todo, para uno mismo, de que posee un magnetismo capaz de atraer al otro de manera fulgurante

 

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