Cómo quitarte la copa menstrual sin mancharlo todo

Cada mes regresa a mi cabeza la misma pregunta: ¿soy la única a la que no le parece tan cómodo el uso de la copa menstrual? Y me refiero a su uso de verdad, permanente, sin descanso, poner- quitar- limpiar- poner – quitar- limpiar… desde que comienza el periodo hasta que dejas de manchar.

No puedo tomarme en serio la experiencia de quienes la usan dos horas para ir a nadar, vuelven a casa, se la quitan tranquilamente en la ducha y se colocan una compresa para el resto del día. No. Hablo de salir de tu casa a las 8.00 y regresar como pronto 12 horas más tarde con esa misma copa puesta.

Si el motivo de que la uses es el sangrado abundante, sabrás como yo que el primer y segundo día no resiste el número de horas prometido. Necesitarás cambiarte antes si no quieres manchar las braguitas o, aún peor, que se filtre al pantalón.

Quienes nunca la han probado, imaginan una experiencia similar a la de cambiarte un tampón, pero no tiene nada que ver.

1. La copa no absorbe
A diferencia de lo que ocurre con los tampones, que absorben la sangre y secan la zona, la copa menstrual simplemente la retiene. Eso significa que, cuando vas a quitártela, el fluido puede verterse. Deberás preocuparte de que el líquido caiga dentro del retrete. Si estás en tu casa, no te resultará complicado acertar desde la posición de sentada, con las piernas lo suficientemente abiertas para que la mano se mueva cómodamente. El problema llega fuera de casa: ahí tendrás que recurrir a tus dotes de equilibrista, pues deberás realizar una extracción completamente vertical si no quieres poner perdido el suelo, las paredes e incluso tu ropa.

Young woman hands holding different types of feminine hygiene products - menstrual cup and tampons

2. No es desechable
Sería maravilloso poder deshacerte de la copa usada y ponerte una nueva cada vez… Pero eso aniquilaría algunas de las principales virtudes de esta elección: el ahorro económico (inviertes unos 20 euros y te dura varios años) y el respeto al medio ambiente. Esto significa que la misma copa que sale, tiene que volver a entrar, y debe hacerlo en unas condiciones mínimas de higiene: ¡Qué menos que pasarla por el agua! Pero… ¿Y si no tienes un grifo junto al retrete, como ocurre en la mayor parte de los baños públicos? Hay quienes se valen de una botella de agua: aclaran cuidadosamente, secan con papel higiénico y salen así del paso.

3. Cuanto más tires, peor
En primer lugar, para quitarlo no basta con tirar de una cuerdita. Su forma acampanada y el material con el que se fabrica (normalmente, silicona) favorece un ‘efecto ventosa’ que las primeras veces puede resultar desesperante. Su prolongación hacia el exterior es un pequeño pitorro, del que pronto descubrirás que puedes prescindir. Cuanto más tiras de él, menos probable es que salga la copa.

4. Dale un pellizquito
Tuviste que doblar la copa para que entrara y tendrás que volverlo a hacer para que salga, lo que dificulta la extracción perfectamente vertical de la que hablábamos. Utiliza el famoso pitorrito para localizar con las yemas de tus dedos la zona inferior de la copa. Si te la pusiste bien, no deberías notar ningún pliegue: te tocará forzarlo. Presiona un poco con el dedo índice y ayúdate de otros dos dedos para intentar provocar esa doblez. El gesto debería ser mínimo si te mantienes de pie, pues corres el riesgo de que la sangre se vierta. Esa leve entrada de aire debería ser suficiente para permitir la salida de la copa.

5. ¿Y si aun así no sale?
Puede ocurrir que la copa haya hecho ventosa y ese pequeño pellizquito sea insuficiente para extraerla. En tal caso, para garantizar el paso del aire deberás introducir un poco más el dedo y realizar un movimiento horizontal. En el momento en que la copa se despegue, extraerla será sencillo. El problema de esta situación es que, si está muy llena, corres el riesgo de ponerlo todo perdido. Y si encima te toca enfrentarte a esa situación en un baño público… Más vale que haya papel. Mucho.

Click aquí para cancelar la respuesta.