Cómo perder el miedo a la penetración: sí, si cabe ahí

Puede que hayas intentando ponerte un tampón mil veces y que no lo hayas conseguido porque te duele demasiado. O quizás has desistido de tener relaciones sexuales porque te mueres de miedo en el momento de la penetración. Hasta Cameron Díaz admitía tener ciertos reparos cuando cantaba aquello de “no, no puede caber aquí” en la famosa escena de La cosa más dulce. Pero esto ya se acabó.
No hace falta que te digamos que te estás perdiendo dos de las mejores cosas de esta vida (lo del tampón porque sin duda es uno de los mejores inventos de este siglo y lo del sexo… sobran las explicaciones) así que relájate, porque tanto el vaginismo no diagnosticado como la dispareunia tienen solución y, por supuesto, vamos a dártela.

La psicóloga y sexóloga Ana Sierra, formadora y terapeuta sexual y de pareja, y conductora del programa Sexualiza2 de Miami TV, asegura que el miedo es la emoción que desencadena el vaginismo, que no es otra cosa que la imposibilidad de penetración causada por la contracción inconsciente de los músculos de la vagina. El miedo en todas sus acepciones, como veremos más adelante. Pero el dolor es otra cosa. “En el momento en el que hay penetración pero se experimenta un dolor excesivo, tendríamos que hablar de otro tipo de disfunción, la dispareunia”, explica la experta.

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Lo primero aquí es no generalizar y analizar cada caso por separado. Cada mujer es un mundo y la dispaurenia puede ser primaria o secundaria. “Primaria sería cuando nunca ha habido penetración y secundaria la que se asocia a un trauma vivido en el pasado (por ejemplo, tras un abuso sexual) o en el presente (puede haber aparecido a partir de un problema de pareja)”. En ambos casos, los músculos de la vagina se contraen inconscientemente imposibilitando tener relaciones sexuales con penetración.

“También pueden intervenir factores biológicos y físicos, por ejemplo haber sufrido una bartolinitis, que es la inflamación de las glándulas de Bartolino situadas a ambos lados de la vagina, y haber cogido miedo a la penetración porque después de este problema ha empezado a suponer mucho dolor”. Puede haber muchas causas, y el tratamiento siempre ha de prescribirse en función a cada una de ellas.

Sierra realiza una terapia psicológica para tratar estas disfunciones en la que lleva a cabo un tratamiento de aquellas creencias que nos limitan. “Lo hago con EMDR, que es una técnica que procesa y desensibiliza estas creencias, y con otras técnicas de psicología cognitivo conductual, emocional y corporal. Muchos de los miedos que dan lugar a vaginismo y dispaurenia se producen a partir de creencias educacionales o religiosas que llevan a pensar que eres una prostituta si practicas sexo sólo por placer, que puedes quedarte embarazada, que te dolerá mucho el parto… y un sinfín de pensamientos negativos provocados por el miedo”, aclara la sexóloga. “Por eso es fundamental realizar un trabajo previo con la forma en la que percibe la sexualidad esa persona. A veces, incluso una sobreprotección en la infancia y la creencia aprehendida de que eres frágil, de que puedes, es suficiente para generar un trastorno de este tipo”.

Casi siempre los problemas que complican una penetración sin dolor no son biológicas, sino mentales. La importancia de las creencias es fundamental, tal y como expone Sierra, y reprocesaras se hace imprescindible en el tratamiento.

Pero no todo es teoría. La única forma de perder el miedo una vez trabajadas estas creencias limitantes es seguir probando. “Se trata de un trabajo de desensibilización sistemática que consiste en ir preparando la zona con dilatadores, juguetes sexuales y dildos de distintos tamaños, mediante técnicas de relajación muy concretas y visualizaciones que ayudan a empezar a concebir toda la amplitud de la vagina”. Sí, sí puede caber aquí.

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