Cómo ligar en un concierto (aviso, no es fácil)

¿Alguna vez has soñado con besar salvajemente a alguien escuchando a Kings of Leon tocar Sex on fire? ¿Fantaseas con conocer al amor de tu vida (o al rollo de esa noche) mientras Vetusta Morla hacen los bises? Sí, tu sueño es pillar en un concierto. Una misión difícil, pero no imposible…

Aviso para todos: aquí no vamos a hablar del noble arte de invitar a una amiga (hacemos comillas con los dedos) a un concierto con el objetivo de rematar la noche juntos. En este caso, conocimiento previa mediante, el objetivo es muuuucho más sencillo. De hecho, si después de gastar un pastizal en las entradas, pillar cerveza en abundancia (a precio de sangre de unicornio) e incluso agarraros de la cintura con el mechero –o la linterna del móvil- al ritmo de la baladita de turno NO PASA NADA problema tuyo… algo habrás hecho mal.

No, no, aquí estamos abordando un desafío mucho más complicado y que consiste en tratar de ligar con una completa desconocida, a beautiful stranger, alguien a quien no conozcas de nada, vamos. Challenge accepted? Vayamos por partes.

Group Of Friends Walking To Music Festival

Antes de entrar. Un concierto es como un buen polvo: importa el durante, pero también el previo y el post. Por eso, si tienes la enorme suerte de coincidir con alguien interesante que vaya en el bar de al lado tomando “la de antes”, procura dejarle claro que tú también estás allí para lo mismo. Sitúate estratégicamente a su lado, codo con codo en la barra, y sigue hablando con tu acompañante hasta que se gire. Frases gancho: “El primer disco era mejor”, “me gustan más sus caras b” o “tengo un disco pirata de un concierto en Ámsterdam, pero solo lo compartiría con alguien especial”. Touché. Se gira y haces contacto visual. Sonríe, demonios.

En la cola.  Vamos a suponer que salís hablando del bar sobre la portada del tercer disco o acerca del bonus track del cuarto. MIRA, DA IGUAL. Ahora mismo lo único que os une es esa banda, pero, demonios, hay que ir introduciendo nuevos datos en la conversación. “Yo lo escucho en el trabajo” y sacas a relucir a qué te dedicas. “El primer disco lo escuché en el instituto” y así habláis de vuestras respectivas edades. O… “te pareces mucho a la bajista que, por cierto, es guapísima”. Bien hecho: hielo roto.

En la pista. Vamos a suponer que es un concierto de pie, ¿vale? En caso contrario, si fuera, por ejemplo, la Filarmónica de Viena, lograr este objetivo sería una tarea de auténtico titán y necesitarías un monóculo y una cuenta en Suiza. No hace falta que os vayáis por vuestra cuenta, pero lo que sí es necesario es que vuestros grupos respectivos se sitúen cerquita. Perfecto. Así, podrás preguntarle si quiere algo cuando vayas a la barra (“yo te lo traigo que mira, parece que lo regalan”), mirarla de reojo cuando toquen esa canción que os mola tanto o incluso acercarte a soltarle al oído algo del tipo “esta es mi favorita para bailar” o “joder, acabo de flipar con esta versión en directo”. Lo que sea, pero que no se extinga la llama. Ah, y sin ser pesado. Todo en su justa medida.

Al salir. Uy, uy, uy, cuidado, porque este es un momento crítico. De hecho, te recomendamos que te pases los bises pensando ya en cuando se enciendan las luces. Si has hecho las cosas bien, te encontrarás cara a cara con ella. Bien, es el momento de sacar a relucir ese bar al que “tú vas a ir SÍ O SÍ” y en el que ponen música “del rollo”. Lo bueno es que se anime todo su grupo así que tendrás que venderlo bien: ponte tu disfraz de comercial de seguros, de captador de ONG o de azafato de supermercado. Todo vale. Arrastra al grupo, eres el líder, el guía hacia una noche mágica, Steve Jobs presentando un iPhone (si has bebido alguna cerveza no te será difícil meterte en el papel).

En el bar. Bien, aquí estamos. Lo has logrado. Estáis tú y ella arropados además por el resto de vuestros amigos. Ahora toca hacer un poco de piña, nada de poneros los dos en plan Apartheid aún, ya habrá tiempo para eso después. Es el momento de beber (la birra de la botella, nada de en vaso, actitud de rock star, por favor), tontear con alguna otra del grupo (levemente), hablar con tu colega COMO SI LE HICIERAS CASO sin perderla de vista, pedirle alguna canción del grupo del concierto al Dj (esto va a ser lo más jodido de todo, aviso). Llegará la hora en que sus amigas se vayan y, ENTONCES SÍ, es el momento de mirarla a los ojos y decirle “quédate”. A continuación, desliza un billete en la mano de tu colega y susúrrale un “pírate en taxi” con el que no haya nada más que decir.

En casa. Misión cumplida, pero, aún queda alguna cosita por hacer: saca un par de birras en la nevera y saca ese directo pirata del que hablaste antes (esperamos que no hayas mentido). Disfruta, bribón, te lo has ganado.

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