Cómo ligar en las fiestas del pueblo

No vale plantarse en la Plaza Mayor y consultar despreocupadamente Tinder mientras corre la vaquilla. Ni decirle a la cartera, con la mirada perdida, que el aire de esa mañana tiene un no sé qué que te recuerda a la trilogía de Kiéslowski. No hagas chistes sobre keinesianos y marxistas a alguien que conduce un tractor, no te comportes como si estuvieses en lo alto de una carroza del Orgullo Gay y haz tuyo hasta donde te sea posible aquello de ‘donde fueres, haz lo que vieres’. Y bebe, bebe como un cosaco.

Porque las fiestas del pueblo son ese lugar maravilloso en el que puedes ligar como en la vida, un paraíso que te regalan los astros para que puedas dejar de ser tú mismo y relacionarte con personas que no tienen ningún tipo de idea preconcebida sobre ti. Personas que, probablemente, no sean capaces de descifrar toda la cantidad de información que dan desde tu lenguaje corporal hasta tu atuendo, y eso va a jugar a tu favor.

Así pues, la leyenda del forastero rompebragas va a cabalgar de nuevo este verano, y tú vas a ser el protagonista, porque como decía Groucho Marx, “estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros”. Grábate a fuego esta máxima y vas a convertirte en un mito en Villaconejos de Arriba. Eso sí, tienes que seguir estos consejos.

1- La panadera suele ser objetivo típico del foráneo. Y es que es difícil resistirse a la sensualidad de alguien que sale medio sonrojado de las inmediaciones de un horno, con el pelo ensortijado y embadurnado de harina, una estampa que te hará sentir Jack Nicholson en El cartero siempre llama dos veces. Para ganar puntos ante la panadera es importante demostrarle que jamás vas a volver a coger una barra precongelada de las estanterías del súper y que te encuentras en su territorio, ese lugar donde la gente no desayuna cruasanes sino que opta, evidentemente, por el dulce típico del pueblo.

¿Que detestas la crema pero en el pueblo lo que se llevan son las cañas de Fuendejalón? Tú las compras y se las regalas a cualquier señora de 103 años de las que abundan en los pueblos. ¿Que a ti lo que de verdad te gusta en la vida son los donuts industriales? Genial, pero vas a comprar cinco kilos de follatres. Peor aún, resulta que eres vegano y lo único que deseas es abandonar ese infierno en que la gente desayuna cerdo y volver a estar frente a frente con un zumo de bayas. Pues sentimos decirte que si lo que quieres es ligarte a la panadera, va a tener que circular por tus arterias una gran cantidad de azúcar refinada procedente de esos deliciosos crespillos del Pirineo que cada mañana debes meterte entre pecho y espalda.

2- No utilices anglicismos. O sí, porque será una buena manera de comprobar más o menos desde fuera lo absolutamente tontos del culo que resultáis tú y tu panda –a los que jamás contarás que desayunas piedrecicas del Calvario y que, oye, no están tan mal– cuando decís que vais a un sitio muy arty, que este papel pintado es supertrendy o que hace poco fuiste a un afterwork muy cool. Nadie con un mínimo de amor propio residente en ningún pueblo de España va a irse a la cama, y hace bien, con alguien que afirma que tal o cuál cosa es mainstream.

Spanish Street Bunting (5)

3- Porque para mainstream lo que vas a bailar si tienes intención de pillar cacho. Porque vas a bailar. En la orquesta y en primera fila. Como si no hubiera un mañana. Y vas a saber datos sobre la orquesta, lo que te va a otorgar una posición privilegiada entre tu presa y todas sus tías abuelas nonagenarias. De hecho, vas a sacar a alguna de ellas a bailar Suspiros de España y vas a corear con sus primos adolescentes “ella me bate como haciendo mayonesa”, y cuando llegue el momento cumbre, el punto álgido de la noche, cuando de repente todo cobre un sentido y suene Paquito El Chocolatero, TÚ NO TE VAS A CAER. Y habrás ganado, si no la guerra, una importante batalla. Porque probablemente vayas a ser el único que se aguante en pie, de hecho vas a ser el único que aguante de pie en la historia de esta canción, lo que aumentará notablemente las posibilidades de acabar la noche sobre un mostrador lleno de harina, tirando pasteles al suelo al más puro estilo Nicholson.

4- Apúntate al partido solteros contra casados. Que quede bien claro desde el principio que eres de los solteros (aunque seas casado. Nosotros, en El Sextante, damos consejos, no nos adentramos en espinosas cuestiones morales). Además, el hecho de que participes en la vida del pueblo va a hacer que te miren con otros ojos, pues no basta con ir a la piscina todas las tardes (que también).

5- Paga rondas. En los pueblos hay que invitar. Sacar la cartera con rapidez siempre va a ser un plus, y para ello está permitido hacer señas secretas al camarero para que te cobre antes que a nadie y urdir todo tipo de planes para alzarte triunfal, billete de cincuenta en mano, y pagar rondas a una serie de gente que, en su mayoría, no conoces. Este punto debes seguirlo especialmente a rajatabla si eres catalán, pues cada movimiento de tu cartera va a ser juzgado y analizado duramente por todo el pueblo durante el tiempo que dure tu estancia, así que más te vale no dar ningún paso en falso.
Solo se puede pagar a escote en el caso de las cenas, y ni se te ocurra hacer eso de empezar a sumar lo que habéis comido porque tus platos eran más baratos. ¿Que con el dinero no se juega? De acuerdo, ¿tú quieres follar?

6- Aguanta estoicamente las bromas. Hay dos maneras de encajar la diferencia, como bien sabes: por un lado aproximarte a ella con interés y respeto, aunque también con cautela, y por el otro rechazarla de lleno por esa especie de temor a lo desconocido que acabamos convirtiendo en hostilidad. Es probable que en el pueblo encuentres lo segundo en más de una ocasión, de manera que te va a tocar aguantar estoicamente bromas de toda índole cuyo hilo argumental será que eres un gilipollas ignorante. Pero tú reirás, despreocupado, mientras el pueblo entero se mofa de ti porque has llamado gallina a un gallo, y centrarás tus pensamientos en una sola cosa: la bata enharinada de la panadera.

7- Aprende palabras en el idioma propio. Si vas a un pueblo de Euskadi, Galicia o el País Vasco. vas a ganar una gran cantidad de puntos si aprendes alguna palabra en el idioma propio y la sueltas con un acento lamentable – cuanto peor sea el acento más entrañable vas a resultar– pero ningún tipo de sentido del ridículo.

8- Los animales son tus amigos. Si estás en un pueblo que vive de la agricultura y la ganadería es importante que no muestres tu desdén hacia los animales, en el caso de que lo tengas. Aprenderte el nombre de los perros y jugar con ellos, pedir por favor que te dejen dar un biberón a una ternerita recién nacida e incluso, ordeñar a mano van a colocarte en una posición privilegiada, que contribuirá a fortalecer tu imagen de persona sensible, algo muy importante cuando se transita por el sendero de la seducción.

Sensible, claro, hasta cierto punto. Porque si empiezas a meterte en asuntos como por qué tu nuevo amigo Trosky está todo el día atado, por qué nadie capa a Micifuz o por qué inyectan esas cosas a los pollos no solo no vas a follar, sino que vas a salir a leches del pueblo perseguido por una serie de personas que empuñan rastrillos.

9- Bebe como un cosaco. El pueblo no va a perdonarte que bebas poco, y no va a llevar nada bien que digas no a una invitación a una caña. Móntatelo como quieras: tal vez llevar una petaca de aceite de oliva y beber de estranjis para proteger las paredes del estómago cada vez que te enfrentes a un cubata sea una buena idea, pero como alguien te vea pedirte una Coca-Cola vas a salir del pueblo sin resaca, sí, pero con el rabo entre las piernas.

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