¿Cómo influye el cerebro en el enamoramiento?

Mariposas en el estómago. Sudor de manos cuando le/la ves. Nervios. Alegría desmedida. Te sientes en lo alto de una montaña rusa. Sonrisa bobalicona. Mente en cualquier sitio menos en lo que tiene que estar. El diagnóstico está claro: estás enamorado.

Nos hemos hartado de escuchar que el amor es ciego (y es cierto) pero entonces, ¿qué hace que nos enamoremos? ¿qué papel juega el cerebro en ello? ¿qué explicaciones puede aportarnos la psicología a estas hormonas disparadas? La psicóloga Patricia Ramírez, autora del libro ‘Cuenta contigo’, nos desvela estos misterios.

Tendemos a pensar que Cupido es un angelote gordote que va disparando flechas a diestro y siniestro y mira tú por donde, resulta que Cupido existe pero no donde pensamos: “Está en el cerebro, alerta a cualquier signo de atracción para que mujeres y hombres, independientemente de su condición sexual, para que caigan rendidos ante la ciencia del amor. En el enamoramiento intervienen el hipotálamo y la dopamina, buscando que se active el sistema de recompensa. Esto nos lleva a desear a la persona y a realizar todo tipo de acciones para crear un vínculo afectivo y tener intimidad. También intervienen la oxitocina, sobre todo en la mujer, generando confianza y empatía, y la vasopresina en el hombre, potenciando la testosterona y con ello el deseo erótico hacia la pareja”, explica la psicóloga.

Pero es que, además, Cupido (o nuestro cerebro) es ciego en lo que a ciencias del amor se refiere: “La pasión es genial, nos hace sentir vivos, con energía, con ganas de comernos el mundo, pero también nos ciega e impide que descartemos a la persona que no nos conviene. ¿No te has dado cuenta de que cuando te acabas de enamorar tu pareja no tiene fallos? ¿Y que esto se repite con todas las parejas de las que te enamoras? ¿No te has dado cuenta de que al tiempo empiezan a aparecer defectitos o grandes defectos que antes no percibiste? Claro, nos ha pasado a todos. Pasado el tiempo, no aparecen defectos. Es más, siempre estuvieron ahí”, añade.

Pero no los vemos, básicamente por tres razones:

El cerebro se prepara para estar atento a todo lo que le atrae y le confirme que ese amor es el verdadero. “Tu biología busca aparearse, tener hijos. Y a tu cerebro y a tus hormonas no les interesa ver defectos que te hagan ver a tu amor de tal forma que no te apetezca tener relaciones sexuales. Al revés, buscas confirmar que esta pareja es genial”, añade.

El segundo motivo es la falta de tiempo: “Inviertes tanto en pensar de forma positiva, de convertir cada rato en idílico, que no hay tiempo para descubrir los defectos. Toda la atención está puesta en lo que te apasiona”, explica.

Y tercera razón: “El otro no es tonto… tú le atraes, te desea, quiere estar contigo, quiere tener sexo contigo. Y no hará nada que pueda desilusionarte. Está en pleno cortejo, despliega su colorido, es cuidadoso, cariñoso y no te quiere desenamorar. Igual que haces tú”, finaliza.

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