Cómo hacer un buen beso negro

El annilingus es una práctica sexual que provoca un gran placer tanto en quienes lo reciben como en los que lo practican, aunque en muchas ocasiones requiere abrir la mente y los sentidos y entregarse a nuevas formas de satisfacción sexual. El llamado beso negro no tiene por qué ser un preludio de una penetración anal, sino que funciona como una práctica en sí misma –como ocurre con el sexo oral– y, pese a que suele ser más común en parejas homosexuales, son muchos los heterosexuales que se han rendido a los evidentes encantos del placer anal. El sex coach y bloguero Ubal Araque ha compartido con El Sextante algunas claves para que nos convirtamos en unos maestros del beso negro.

1- Empieza por el sexo oral básico. Si somos neófitos más vale no entrar en materia como un elefante en una cacharrería. Conviene empezar poco a poco, siempre que se cumpla un requisito básico: “la otra persona tiene que estar muy excitada”, afirma Araque. El sex coach asegura que “estamos muy acostumbrados a recibir placer en nuestros genitales primarios, de manera que es conveniente que nuestro nivel de excitación vaya aumentando para estar el condiciones de recibir un buen annilingus”. Una vez la temperatura haya alcanzado el nivel deseado, podemos empezar a acercarnos al ano, siempre con suavidad y delicadeza, tanteando el terreno y con suma atención a las reacciones del otro.

2- No succiones, lame. El ano jamás se succiona, pues no solo es desagradable sino que también puede resultar doloroso. Hay que lamerlo cuidadosamente, primero a un ritmo lento y, en función de la respuesta de nuestro partenaire, más rápido. “Solo podemos entrar con rapidez y sin demasiados rodeos cuando sabemos que a la otra persona le gustan los besos negros y los ha practicado con anterioridad”, explica Araque.

3- Busca la posición perfecta. “La postura del 69 es un desastre para practicar anninlingus, pues nos acaba quedando el ano demasiado pegado a la cara. Lo ideal es un 69 con los dos tumbados, de manera que se puede realizar un annilingus simultáneo, o que el receptor se ponga a cuatro patas, una posición muy cómoda para ambos que se puede combinar con otros tipos de estimulación”, asegura Araque.

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4- La higiene es fundamental. Aunque, ojo, cada persona es un mundo: “hay gente más escatológica, que puede llegar a excitarse con el olor corporal, o también muchas personas a quienes a priori no les importa demasiado que no exista una higiene escrupulosa”, explica el sex coach. En general, sin embargo, es importante cuidar especialmente la limpieza de la zona, pues el ano es una fuente de bacterias. “Hay incluso quien utiliza preservativo para realizarlo: lo corta por las puntas y lo pega al ano para que sirva de barrera. El otro se excitará igual con el contacto de la lengua”.

5- No a usar los dedos. O no necesariamente. “Se trata de poder disfrutar de un buen beso negro sin necesidad de que haya ningún tipo de penetración, lo mismo que se puede disfrutar del sexo oral, ¿por qué no probamos a introducir levemente la punta de la lengua para dilatar el músculo, sin más?”. Según Araque, la introducción de los dedos “prepara a la otra persona para la penetración” y, al fin, no tenemos que basar siempre la sexualidad en el coito, sino empezar a disfrutar del valor per se de diferentes prácticas que erróneamente acabamos considerando “preliminares”. Sin embargo, asegura Araque, “es cierto que cuando te hacen un buen beso negro tu propio cuerpo pide a gritos que te penetren, es lo que más desea en este mundo y lo que, probablemente, también desee el que lo está haciendo”. En este caso, adelante, siempre que no reduzcamos cualquier práctica a un mero preludio de la penetración, sea anal o vaginal.

6- Mejor sin (o con poco) vello. “Pese a que hay personas a las que les encantan las selvas amazónicas, en el caso del beso negro siempre es mejor que los pelos de la zona estén recortaditos. Es mucho mejor para el que lo hace”, dice Araque, quien nos recuerda que, sin embargo, el roce del vello en el ano, junto a la saliva, suele provocar un gran placer.

7- Sí a los lubricantes. No van a ser necesarios, pero tal vez si somos neófitos unos lubricantes de sabores ayudarán a romper el hielo. Araque lo tiene claro: sí a cualquier cosa que represente innovar y ampliar los límites de la propia sexualidad, ya sea en solitario, con nuestra pareja de siempre o con amantes puntuales.

8- Sí a la negociación. Araque rompe tópicos cuando nos cuenta que el annilingus es una práctica mucho menos habitual de lo que creemos. “Muchos creen que está muy extendida entre los homosexuales, y no es cierto. Muchos homosexuales a quienes les encanta penetrar se niegan a practicarlo, algo que no deja de ser una paradoja y que sin embargo ocurre habitualmente”, explica. Entre las parejas heterosexuales pasa lo mismo. “Muchas mujeres se vuelven locas con las nalgas de su marido y no se atreven a decirles que les gustaría practicar un annilingus”. Para el sex coach, la comunicación es básica en las parejas estables para tener una vida sexual plena: “acabamos potenciando el machismo entre todos y todas al considerar que el ano es una fuente de placer exclusiva de los homosexuales: hay que empezar a romper esos mitos desde casa”.

9- Descifra las claves que te dan. Es algo fundamental en el sexo, especialmente con desconocidos, y una condición sine qua non para que todo salga rodado. Según Araque, “hay que saber leer lo que el otro quiere, lo que nos está pidiendo sin palabras, con su propio cuerpo. Cuando uno conoce su cuerpo y tiene poder sobre su propia sexualidad va a saber mostrarnos lo que le gusta y lo que le apetece. Y está en nuestra mano saber leerlo”, explica. Amén.

10- Por último, y esto es de nuestra propia cosecha, es fundamental no hacer nunca nada que no nos apetezca hacer simplemente para satisfacer a la otra persona o porque creemos que es lo que toca. Es la clave para que el sexo funcione y para vivir una sexualidad plena y feliz. Hay que probar, por supuesto, y no negarse por cerrazón a explorar nuestro cuerpo e indagar en nuestros deseos y fantasías, pero también aceptar que ciertas cosas no nos gustan y que, por tanto, no vamos a practicarlas. Probablemente esa sea la verdadera revolución sexual, especialmente para las mujeres: una revolución que, por desgracia, parece que todavía está por venir.

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