Cómo hacer (bien) un cunnilingus

Bienvenidos al primer día de clase. Hoy toca “cómo comer (bien) un coño”, así que prestad atención porque no pienso repetir la lección.

Si quieres dar placer a una chica y volver su mundo del revés, primero deberás conocer el terreno. Más te vale saber dónde se encuentra el clítoris, si no, prepárate para una sesión maratoniana con tu lengua seguida de unos cuantos bostezos por parte de la chica en cuestión.  Si has logrado situarlo en el mapa, ¡enhorabuena! Has pasado el primer examen de la asignatura.

Segunda lección: enciende los motores. Si según os estáis saludando bajas al pilón, podrán ocurrir dos cosas. Primero, que te mande a la mierda. Segundo, que le guste y tengas que estar media hora dale que te pego. Tú verás, avisada/-o quedas. Besaros, acariciaros, deja que tus dedos se deslicen descuidados cerca de sus genitales pero sin tocarlos directamente… Y, cuando empieces a notar que empieza a fluir (tú ya me entiendes), podrás plantearte hacer acercamientos cada vez más atrevidos. Si llegados a este punto has conseguido empezar a mojar las sábanas, ¡minipunto para ti!

Siguiente lección: rescata las clases de piano. Que no se note que esos dedos no tienen habilidad. Acaricia los labios menores, sepáralos, empapa tus dedos y deja que se deslicen dentro de ella. Verás cómo aumentan los gemidos. Si, además, pones el dedo como si fuera un garfio hacia arriba y estimulas el punto G, serás la aventajada/-o de la clase. Juega con ellos todo lo que quieras y, cuando la boca entre en acción, no te olvides de ellos si quieres lograr tu dreamteam.

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Para los que han conseguido llegar hasta aquí, llegó el momento de la verdad. Humedece tus labios y juega con ellos, besa sus labios (los que están más abajo de la cintura), el clítoris y alrededores. Deja que sienta tu aliento caliente, eso la excitará. Y, por fin, cuando casi tenga que suplicarte que lo hagas, saca esa maravillosa lengua que la evolución te ha dado y comienza el espectáculo. Lame primero por las zonas más próximas pero sin entrar todavía en materia.

Deja que saboree (guiño, guiño) el momento. Aproxímate cada vez más al clítoris y ¡ojo! no a todas les gusta muy directo, así que si ves que se retira, mantente a la orilla. Juega con los ritmos, a ratos más rápido y a ratos más lento. Puedes dar toques con la lengua o darle una buena pasada, ve cambiando para que las sensaciones vayan siendo variadas (y para que no te dé un calambre en la lengua, dicho sea de paso).

Y, por lo que más quieras, ¡guarda tus dientes a buen recaudo! Por cierto, ¿recuerdas ese dedo que teníamos metido dentro? Si está muy lubricada, puedes introducir otro o, si le gusta que le llamen a la puerta de atrás, no lo dudes. Tres puntos de excitación, si con eso no triunfas, es que hoy no es el día. Si lo estás haciendo bien, su respiración empezará a ser rápida, no podrá parar de mover el cuerpo, te agarrará con fuerza para que no pares, los gemidos irán en aumento…

Este será tu examen final, si has sido aplicada/-o, auguro un orgasmo de matrícula de honor. Y si no, sigue practicando, nos veremos en la repesca.

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