Cómo follar en un autobús, en un tren o en el avión

“Qué buenas son las hermanas Ursulinas, qué buenas son, que nos llevan de excursión”. Los viajes en transportes colectivos representan, en nuestro imaginario, una huida hacia la libertad, hacia un estado en el que las normas no existen, en definitiva. Y, quizá por eso (y bueno, por lo que nos ha vendido el cine) todos hemos fantaseado alguna vez con mantener relaciones sexuales en un autocar, un tren o un avión. Claro, son espacios compartidos con otras personas en los que debemos seguir una serie de normas sí queremos que la cosa lleve a buen puerto. Sobre todo, si no queremos que nadie más se entere…

El autocar

He aquí uno de los sitios más peliagudos para tratar de buscar el orgasmo en compañía. Teniendo en cuenta que la anchura del pasillo rara vez supera el metro de distancia, tratar de follar sin que los del otro lado se enteren es casi, casi, misión imposible. Quedan excluidos (salvo que haya una gran zona de asientos libres al fondo del bus), los polvos apasionados o cualquier postura que implique llamar la atención. Lo más sensato es recurrir a la masturbación mutua y sin hacer demasiado ruido. ¿Los mejores momentos? Cuando pongan la película o comience a oscurecer. Hay que estar atentos al conductor, que dispone de espejos chivatos con los que descubrir un pene al aire o unos senos manoseados. El que avisa no es traidor.

group of happy passengers in travel bus

El tren

Bienvenidos al fastuoso mundo de los viajes sobre raíles. Solo por el hecho de poder levantarnos de nuestro asiento y movernos libremente, las opciones se amplían pero tampoco mucho, no nos engañemos. Buscar un vagón con varias filas de asientos vacíos es una buena opción aunque, cuando el tren va lleno, las únicas opciones son emular lo que podríamos hacer en un autocar o acudir al baño del tren. En algunos, además, tiene las suficientes dimensiones como para practicar una versión reducida del kamasutra. Eso sí, conviene no dar mucho el cante, ser rápidos y andar listos para salir cuando no haya nadie esperando. El riesgo siempre existe y la figura del revisor puede sacar los colores a más de uno, así que, cachondos, sí, pero en alerta también.

El avión

Hace poco, un vídeo de una pareja manteniendo relaciones sexuales a muchos pies de altura se hizo viral. ¿No queremos que nos pase eso, verdad? Pues conviene tomar una serie de precauciones. En vuelos transoceánicos, hay varios momentos propicios: uno de ellos es la noche, en la que, al amparo de las mantas, podemos tapar nuestras vergüenzas. Otro espacio que puede dar juego es (otra vez) el del cuarto de baño, aunque sus dimensiones aquí son ridículas y da para lo queda: o se folla de pie o se practica sexo oral. Y poco más. De nuevo, la salida tras consumar el acto debe ser lo más sigilosa posible. El personal del avión no solo intenta evitar que la gente fume.

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