Como animales

El otro día, hablando con mi amiga Jenny (no es su verdadero nombre, yo no tengo ninguna amiga que se llame Jenny porque tengo más de 20 años), me recordó una cena que tuvimos hace años hablando de sexo y que quiero contaros en este artículo.

Era una noche calurosa de noviembre (estábamos en Murcia) y nos fuimos a cenar para ponernos al día de ligues. Ella tenía un ligue y yo tenía tiempo libre porque me había plantado un chico por “dejarle en ridículo” delante de sus amigos. Al principio me desahogué con ella y le conté lo que me había pasado.

– Pues nada – le comenté – que estando de marcha con sus amigos, él dijo en coña que nos íbamos a Francia e iba a aprovechar para follarse un culito francés. Yo le contesté, siguiendo la broma, que no sabía que le fueran los tíos y sus colegas se descojonaron también, tanto, que debieron romper con su risa su masculinidad porque, con ella herida, me dijo que le había dejado en ridículo y me dejó. Qué pena, ¡y yo que quería que cumpliese su sueño si hacíamos un trío con un francés guapete!…

– Pasa de ese idiota, si te hace una coña a ti y no aguanta que se la devuelvas, que le vayan dando – espetó Jenny.

Small pig

– ¿Y tú qué tal con el chico este?

– Me encanta. Follamos como animales.

En ese momento casi me atraganto con la bebida de la risa y Jenny se mosqueó un poco.

– ¿Te crees que te miento?

– No – respondí mientras recuperaba el aliento – me río porque os he imaginado follando como animales, ya que hay muchas variantes.

– ¿A qué te refieres? – preguntó inquisitiva, con levantamiento de ceja incluido.

– A que no sé si hablas de copular como los puercoespines, es decir, que él te orina encima antes de hacerlo o si acaso hacéis sexo como el caballito de mar y él empieza los preliminares con una danza acuática.

– Pero mira que eres tonta, – me espetó muerta de la risa – que sepas que follamos como leones.

– ¿Cincuenta veces al día?

Jenny asintió, sonriendo de forma malévola y no pude más que alegrarme por ella.

– ¿Te confieso una cosa, Jenny?

– Dime.

– El chico que ha roto conmigo también follaba como un animal… Como el gallito que era… Durando menos de dos segundos.

Y volvimos a estallar en carcajadas. Y ahora, después de tantos años, sigo pensando que aquella cena fue como el orgasmo de un cerdo, 30 minutos de verdadera felicidad.

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