Cinco tipos de besos que aborrecen las mujeres

La química es un regalo inesperado, una sorpresa que se presenta cuando menos te lo esperas. Porque puede que la conversación por chat sea muy amena, pero luego quedáis y nada de nada, no surgen las mariposas en el estómago. O sea, es caprichosa. Pero imagínate que surge, qué maravilla: más allá de preguntarte cómo seréis de compatibles en la cama, el primer indicativo de que esa persona te pone de verdad es el beso. Cierras los ojos (porque los ojos con besos abiertos dan grima, y ya lo hemos contado), y esperas ese encuentro de labios y lengua capaz de encender al más frío de los humanos.

Como mujer que has toreado en diversas plazas, sabemos que has recibido todo tipo de besos: más pasionales, más dulces, más tímidos.. Y a buen seguro alguna vez te has dado de bruces con un beso inesperadamente malo. De estos que le bajan la libido a cualquiera: y justo en ese momento has pensado “horror, a ver cómo me quito ahora esto de encima”. Sí, amigos, hay besos que una mujer no quiere recibir. Y nos atrevemos a establecer una tipología:

El beso ducha: no nos referimos a un beso lógicamente húmedo porque lo das en un entorno mojado como la ducha. No, en absoluto, nos referimos a ese beso en el que tu compañero de ósculo presenta un exceso de salivación. De tal forma que sientes las cataratas del Niágara en tu boca, un torrente salvaje y excesivo, tanto que cuando te separas tienes toda la zona de alrededor de la boca e incluso, la barbilla, como si acabaras de lavarte la cara. Y no, para cuidados cosméticos ya tienes tu ratito de por la mañana y de por la noche antes de dormir. Huye de ese sujeto y busca zonas más secas.

Couple enjoying their love

El beso lija: seguimos con los cuidados estéticos a deshora. Este tipo de beso suele acontecer o bien con chicos recién rasurados o bien con aquellos que tienen barba pero cuyos pelos son como un papel secante, una lija. Así que cuando separáis vuestras bocas, inmediatamente después o en un ratito breve, notas que te escuece el labio superior, inferior y la barbilla. Y cuando te miras al espejo te das cuenta de que tienes la cara como si vinieses de hacerte una limpieza facial: o sea, roja como un tomate. Y escamada. Pues muy mal: ese chico debiera utilizar una cremita para suavizar su zona de afeitado o unos aceites para la barba, que existen. Porque tú el peeling te lo sueles hacer los jueves y hoy era lunes…

El beso taladro: vuestras bocas van a encontrarse por primera vez, y en una milésima de segundo has abierto los ojos. Y entonces lo has visto. La has visto venir y te has acordado de tu amiga Verónica que te contó lo de aquel beso que ella denominaba “taladro”. Y sabes que te va a pasar, y te pasa, porque no puedes zafarte: el chico te mete la lengua hasta las amígdalas, hasta la tráquea si me apuras. Esa lengua como lengua de vaca, y que nos perdonen las vacas, que invade toda tu boca, que arrincona tu lengua. O sea, como si te metieses un polvorón de golpe en la boca y se te hiciese bola. Un beso que se hace bola. Ya sabes lo que tienes que hacer, huir.

El beso “Estanco”: él fuma, vale, es su elección. Pero tú no fumas y desde luego, no te gusta el sabor del tabaco, ni de liar ni en pipa, ni nada. NO TE GUSTA. Y de repente te encuentras deleitándote con su último pitillo, mientras os estáis dando un beso. Consejo: los caramelos, salvo que sean muy potentes, sirven de poco. Así que mejor deja el cigarrito para después de veros.

El beso ventosa: nos vas a entender perfectamente. Su boca rodea la tuya totalmente, como si fuera a darte un beso taladro, y te da la impresión de que vas a ser absorbida, abducida casi. Succiona por tu boca toda tu energía y tienes la impresión de que se ha hecho el vacío y vas a tener que llamar al 112 para que os separen. Queremos pasión en los besos, está claro, pero de la pasión a la ventosa hay un gran trecho que es mejor no recorrer.

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