Cinco razones para usar Grindr cuando estás de vacaciones

Para descubrir una ciudad hay que conocer, al menos, a algún local.
Llegas a una nueva ciudad y la novedad te conquista. Paseas por las calles del centro histórico,  pruebas todas las comidas y cervezas del lugar, entras a los bares gay que recomiendan las guías… Pero llega un momento en que ya se han agotado las esquinas que doblar, las tiendas y bares que visitar, los vinos que degustar. Ya te conoces todas las filias y fobias de tus compañeros de viaje, te apetece airearte un poco de ellos. Y, entonces, descubres que no conoces a nadie local de la ciudad.

Si el turismo, hoy, significa vivir experiencias, no se puede concebir descubrir un lugar sin descubrir (al menos) a uno de sus habitantes. Y, si la timidez es una barrera, ya sabemos que grindr o cualquier aplicación de citas es el medio idóneo para romper la distancia entre turista y local. Por eso, para ese momento en que te separas de tus amigos un rato, para esa noche que sale mal en el bar y, sobre todo, para cualquier viaje que se haga sin compañía, abrir la aplicación y buscar un acompañante para la noche es la mejor solución. Aquí te damos cinco razones para hacerlo, sin duda, en tu próximo viaje.

1) Una mirada gay a la ciudad
Encender grindr es como abrir una guía turística. Es como leer una ciudad. Con la parrilla de la aplicación, uno observa una ciudad sin tener que desplazarse. Allí encuentras un catálogo de lo que es una comunidad gay de un lugar desconocido: por sus nicks, por sus frases, por sus fotos (de cara en las grandes ciudades, de cuerpo en las zonas rurales donde se busca discreción), tienes ya una idea mental de cómo se vive (y se desea) siendo gay en otra ciudad.

2) Aprender el idioma del sexo.
El siguiente paso es siguiente es, por supuesto, hablar con alguien, y aquí cambia radicalmente la relación con el destino turístico. Toda comunidad gay crea su lenguaje del deseo y adentrarse en una conversación es aprender, sin clases previas, un nuevo idioma. No solo inglés, francés o italiano, sino el inglés, el francés y el italiano del deseo. El inglés, el francés y el italiano del sexo. Nuestro vocabulario se enriquece porque descubrimos las variantes de “activo” y “pasivo”, porque aprendemos a preguntar “¿qué buscas?” en cualquier idioma e incluso empezamos a leer las direcciones y los mapas de cualquier ciudad. Buscamos rápidamente en google qué significa ese “into?“ en inglés para responder pronto y quedar como alguien “viajado”, que ya sabe lo que es follar en cualquier idioma. A veces, uno aprende más lenguas en una semana de conversaciones de grindr que en cualquier academia.

Businessman walking and using a smart phone

3) Encontrar un guía para la noche gay.
Un local conoce la ciudad mejor que cualquier guía turística, o la conoce en mayor profundidad (y nocturnidad). Esa cerveza o cita con cualquier perfil de grindr se puede convertir en un encantador paseo por un barrio que nadie recomendaba, en el descubrimiento de un restaurante único o en una noche sin fin en el mejor bar de la ciudad. Recuerdo esa fiesta interminable de Berlín, que duraba dos días, a la que llegué gracias a una recomendación de un local. ¿Qué mejor que aprender la vida gay de una ciudad que a través de alguien que la experimenta a diario? Las zonas de bares, las zonas de cruising… Y si lo que buscas es la fiesta gay definitiva, el que mejor te va a guiar es el asiduo a las mismas. Con quien puedes terminar (o no) la noche…

4) Turismo de interiores.
La vida de la ciudad no es siempre puertas afueras. Hay otra vida (y más intensa en ocasiones) detrás de las ventanas. Al turismo cultural, gastronómico o de bares hay que sumar el turismo de interiores.  Porque mucho se puede hablar de las fachadas de los edificios, pero ¿no es más importante saber cómo le gusta a la gente decorar sus casas? ¿Cómo viven, con lujos o precariamente? Se sabe de una forma de vida descubriendo el lugar más íntimo, el hogar. Y en cualquier quedada por grindr con un local conocemos el vestíbulo, el salón, la cocina y hasta el color de las sábanas… Sin duda, la experiencia del turismo se enriquece en estas inspecciones intramuros.

5) Follar para contarlo…
Después de haber culminado el trayecto ya queda solo el recuerdo del viaje, enseñar las fotos y narrar estos días a los amigos en torno a una cerveza. Y la mejor anécdota no es haber visitado simplemente otro país, sino haber dejado un marinero (y una historia compartida) en cada puerto que se ha visitado.

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