Cinco pelis para tener sexo (del bueno)

El cine es un antídoto contra casi cualquier mal, y por supuesto lo es contra la falta de deseo sexual. Estos polvazos de película nos van a hacer recuperar las ganas de fornicar si es que la vida, por algún motivo, nos ha hecho perderlas. Atención libidos en baja forma: aquí el remedio para que volváis a ser como antes.

1- Monster’s Ball, de Marc Forster (2001).
Ahora Halle anda un poco de capa caída por algo que tiene más relación con los caprichos del marketing –actualmente la carnalidad la representa una rubia: Scarlett– que con el hecho de haber perdido ni uno solo de sus múltiples encantos. Pero a principios de la década del 2.000 era esa sex symbol mundial que representaba la exuberancia y la feminidad frente a la languidez huesuda de otra diva del momento: aquella escuálida Nicole Kidman pre-botox. De hecho, sólo un año después Halle, en plena borrachera de éxito, salía del mar enfundada en un bikini naranja frente a la mirada atónita de 007 en una imagen que conjuga, en pocos segundos, todos los matices de la palabra sexy.

Era, pues, todo un reto ser el tipo que iba a poner mirando a Cuenca a la mujer más sexy del planeta, una afrenta que, contra todo pronóstico, no le tocó a ningún follador mainstream como Javier Bardem o Russell Crowe, sino al bueno de Billy Bob Thornton. Un hombre inquietante que, con ese aspecto de marido de tu prima del pueblo, en aquel entonces ya se encargaba de satisfacer en la vida real los deseos de otra diva bisexual, oscura y destructiva, aquella Angelina pre-Brad Pitt tatuada, loca e irreverente de la que, lamentablemente, ya no queda nada.

Y Billy Bob cumplió con creces el cometido de echar a Halle un polvo inolvidable, sin cariño, sin emoción, sin un ápice ni siquiera de perversión, pero sí un polvo con un punto cuidadoso para una mujer que precisamente necesitaba eso, eso que Billy Bob en su papel de poli frustrado supo leer a las mil maravillas: una combinación casi matemática entre respeto y agresividad. Y es que Billy Bob entendió, Angelina mediante, que una de las cosas más difíciles que hay en el mundo es dar a una mujer lo suyo y lo de su prima, y que si al empotramiento no se le añade cierta intención, cierto cuidado, follar se convierte en algo parecido a cambiar la rueda del coche. Chicos, tomad nota.

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2- La vida de Adele, de Abdellatif Kechiche (2013).
Es imposible no empatizar desde el minuto uno con Adele, la protagonista de este film bellísimo, sincero, humano, agridulce, que cuenta con diversas escenas muy hermosas de sexo realista –que no sórdido o desagradable– que nos harán ponernos más aún en la piel de unos personajes que podrían ser cualquiera de nosotros.

Y es que el sexo estratosférico de Adele y Emma, su novia, refleja en imágenes una manera concreta de hacerlo, probablemente la mejor de todas, sin posturitas, sin prisas, sin “mira mamá, sin manos”: nada más que dos cuerpos y un deseo capaz de traspasar la pantalla. Porque Adele y Emma, en la cama, reflejan ese momento efímero en la vida en que follamos con alguien de quien estamos enamorados y a quien apenas estamos descubriendo, un período de tiempo mágico que después se convierte en otras cosas, a veces tristes y otras maravillosas. Cosas que refleja muy bien esta cinta protagonizada por una mujer que vive con entereza los momentos dulces y también los amargos, que se cae y se levanta, y que en algún momento, probablemente ahora, has sido también tú.

3- Cisne negro, de Darren Aronofsky (2010).
Natalie Portman demuestra una vez más su grandeza en esta cinta de Darren Aronofsky en la que interpreta a una bailarina veterana y reprimida, sometida a una gran presión e incapaz de lidiar con su entorno. Pese a que muchos se han quedado con los juegos lésbicos entre Portman y su amiga/rival Mila Kunis, una de las grandes escenas de sexo de esta película es, en realidad, aquella en la que la actriz es sorprendida por su madre mientras se masturba en la habitación. Portman ha asegurado que ha sido una de las escenas más difíciles de rodar de toda su carrera y ha llegado a calificarla de “repugnante”. No obstante, la actriz supo poner todo su talento al servicio de esta combinación entre placer y culpabilidad propios de un personaje en crisis que vive en un entorno irrespirable.

4- Belle epoque, de Fernando Trueba (1992).
Después Trueba perdió algo de pulso, o lo empleó en otros menesteres, pero en esta cinta del año 1992 se salió de gracioso e inspirado, con un elenco de actores en los que incluso se salvaba el sosete de Jorge Sanz. Y es que el actor es el protagonista junto a Ariadna Gil de una de las más gloriosas escenas de sexo del cine español de las últimas décadas, siempre con permiso de un Bigas Luna mucho más oscuro, que entendió el surrealismo –y el sexo– a su manera.

Ataviado con un traje de sirvienta, Sanz folla a toque de corneta de una joven Ariadna permanentemente malencarada, disfrazada de militar. De hecho, más que follar, Sanz obedece a una Gil arrebatadora, en una escena entrañable que le convirtió en la envidia de una generación de hombres, pues se repasaba también nada menos que a Maribel Verdú, Miriam Díaz Aroca y a una Penélope Cruz adolescente.

5- El cartero siempre llama dos veces, de Bob Rafelson (1981).
Si hablamos de sexo y cine siempre salen Instinto básico, El último tango en París, Nueve semanas y media o, claro, esta cinta magistral con guión de David Mamet, elencazo de escándalo y una escena de sexo en la cocina que es ya pura leyenda. Todo funciona en este polvo prohibido, en cuyo rodaje al parecer los actores no oían el “¡Corteen!” y donde Lange simplemente se sale. Porque la actriz es en realidad la protagonista de un polvazo en el que Nicholson ejecuta (estupendamente, todo hay que decirlo) al tiempo que se mantiene en segundo plano mientras deja que Lange le guíe, tire al suelo panes, bizcochos e incluso un cuchillo y le ponga con cierta chulería la manita donde toca en el momento preciso. La escena es puro sexo, pura pasión: la química entre ambos traspasa la pantalla hasta tal punto que aquella joven Lange desatada que no se andaba con chiquitas, pervive aún en el imaginario de millones de hombres y mujeres de todas las generaciones.

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