Chemsex: Los peligros de tener sexo sin parar durante 72 horas

Una nueva moda sexual ha generado alarma entre las autoridades sanitarias que advierten de los peligros que pueden derivarse del conocido como Chemsex, práctica que consiste en disfrutar de largas sesiones de sexo durante más de 72 horas que está causando furor entre algunos jóvenes. El problema: no se trata de sexo tántrico o de técnicas para aguantar más en la cama a base de ejercicios y meditación. El consumo de drogas psicoactivas como las metanfetaminas o la mefedrona son la base de estos atracones sexuales.

“Aunque en España el chemsex es aún muy minoritario, se conocen fiestas de este tipo en el ambiente de Madrid (Chueca) y Barcelona (Gayxample), lo cierto es que tiene un potencial de crecimiento enorme debido a su hedonista naturaleza de consumo rápido y satisfacción garantizada”, explica el sexólogo Raúl Padilla a El Sextante.

Pese a que se ha comenzado a hablar de él hace unos meses, especialmente tras hacerse pública la celebración de varias de estas fiestas sexuales en Reino Unido, en realidad no se trata de una nueva tendencia. De hecho, si hablamos del consumo de sustancias químicas excitantes para conseguir sensaciones intensas en la cama, deberíamos remontarnos a la época del antiguo Egipto. Sin embargo, su popularidad está creciendo porque ha saltado de la intimidad de relaciones entre una o varias personas a maratonianas fiestas sexuales.

Nuevas y peligrosas sensaciones

El Chemical sex –sexo químico– también conocido como Chemsex, ha ocupado las portadas de la prensa internacional tras conocerse la hospitalización de al menos cinco jóvenes participantes en uno de estos eventos en los que llegan a mantener relaciones con diferentes personas durante tres largos días.

Por lo general, el ‘menú de drogas’ que se sirve en este tipo de eventos incluye la mefedrona, gamma-hidroxibutirato (GHB), gamma-butirolactona (GBL) y la metanfetamina cristalizada. Un combo que puede conducir a sensaciones muy diferentes a las buscadas en jóvenes desprovistos de pudor que pierden el control sobre la cantidad de psicotrópicos que consumen.

Woman Sniffing Drugs

La mefedrona y la metanfetamina son estimulantes fisiológicos que aumentan la frecuencia cardíaca y la presión arterial, siendo responsables de una euforia y excitación sexual prácticamente inmediatas en quienes la consumen. Llenos de energía, más extrovertidos y simpáticos y completamente excitados: así están los asistentes a estas bacanales químicas.

Como señala Padilla, “El aspecto desinhibidor que producen ciertas drogas y el potenciador físico de otras hacen un cóctel irresistible que, servido en cuerpos que se han reunido con la promesa de una rápida complicidad y complementariedad sexual, se convierte en un producto difícil de rechazar”.

Los efectos secundarios de ‘tanto aguante’

Según declararon varios asistentes en el rotativo The Telegraph, “lo normal es tener un promedio de cinco parejas sexuales por sesión”. Macrofiestas hasta ahora relacionadas con el público homosexual, en las que el único requisito suele ser tener más de 18 años y “el sexo sin protección es la norma”, aseguraban quienes las han vivido.

“Tomar drogas recreativas durante el acto sexual puede conducir a una serie de efectos secundarios potencialmente dañinos, incluyendo la propagación de Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) y el VIH, así como graves problemas de salud mental como ansiedad, psicosis y tendencias suicidas”, adviertieron los expertos en salud en un amplio informe publicado en el British Medical Journal. Editorial que, junto con el estreno de un documental sobre esta ‘nueva’ tendencia sexual el pasado mes de noviembre, ha hecho estallar las alarmas entre la población británica llegando rápidamente hasta nuestras fronteras.

“El riesgo del chemsex es doble, por un lado por el alto riesgo de transmisión de enfermedades tanto por la práctica sin preservativo (efecto en parte de la desinhibición inducida) como por la posible infección cruzada al cambiar de pareja sin cambiar el preservativo”, apunta Padilla, quien señala otro gran riesgo que puede derivarse de la asistencia a este tipo de eventos al que no hacen mención en el informe: “Mantener este tipo de relaciones durante bastante tiempo puede producir un desinterés por las relaciones sexuales más convencionales en tiempo y estimulación, con lo que la vida sexual de la persona se vería seriamente afectada a la hora de buscar una relación más al uso”.

No sólo eso. Esta tendencia incrementa considerablemente las posibilidades de sufrir una sobredosis, perder el conocimiento o sufrir ataques de pánico y convulsiones, causas que podrían suponer la muerte de los atrevidos participantes. “Probablemente existe una minoría de usuarios que se encuentra expuesta a un riesgo muy elevado, derivado del potencial de dependencia de algunas sustancias (metanfetamina), su escaso margen de seguridad (GHB, GBL), vías de administración (que incluyen el uso de vía intravenosa o slamming) así como por prácticas de riesgo derivadas del sexo no protegido. La doble estigmatización derivada de conductas sexuales no normativas y uso de drogas ilegales puede ser un problema para muchos usuarios a la hora de buscar tratamiento”, señala el doctor Fernando Caudevilla, médico de familia y experto en cannabis, cocaína y drogas de síntesis, quien apuesta claramente por el desarrollo de estrategias preventivas adecuadas en lugar de potenciar el pánico entre la población.

¿Alarma social?

“Los pocos estudios científicos publicados se circunscriben a determinados circuitos en zonas concretas de Londres, pero este patrón de consumo también se está detectando desde hace al menos un par de años en grandes ciudades en España”, apunta Caudevilla.

“Tradicionalmente, el Chemsex tal como la entendemos ahora, se ha asociado con hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres, pero como suele ocurrir, las prácticas sexuales de la comunidad LGBT suelen servir como indicadores de las tendencias que acabarán de moda entre la población heterosexual”, explica Jamie Willis, uno de los autores del mencionado informe publicado en el BMJ, quien recuerda que hasta el momento tan solo se cuenta con estudios a pequeña escala. Opinión respaldada por Caudevilla, quien cree que no se puede afirmar con seguridad que el chemsex sea un fenómeno exclusivo de población gay: “El uso recreativo de drogas o determinados comportamientos sexuales están más normalizados entre ciertas subculturas de este colectivo y podría ser que, simplemente, su visibilidad fuera mayor”, señala.

“El rigor informativo, la objetividad o la prudencia son poco frecuentes en las noticias sobre las drogas que se difunden a través de los medios de comunicación. La exageración, la divulgación de noticias no contrastadas o la generalización de sucesos excepcionales centran bien la atención del espectador hasta la siguiente pausa publicitaria, pero también contribuyen a transmitir prejuicios e imágenes sesgadas sobre la realidad”, comenta  Caudevilla, recordando la importancia de continuar estudiando el fenómeno antes de generar una alarma social, hasta el momento, probablemente innecesaria.

Click aquí para cancelar la respuesta.