Así puedes reconocer la prostitución masculina en las apps para ligar

Hubo un tiempo en el que, salvo por los anuncios de contactos en los periódicos, la prostitución masculina (y la femenina también) se ejercía siempre en la calle, y requería de un contacto directo entre cliente y prostituto. Cada ciudad tenía sus zonas de concentración, y en Madrid, la oferta de este servicio se agrupaba en la Puerta del Sol, Atocha o la calle Fuencarral. Aunque eso era, normalmente, durante el día. De noche, la ciudad cambia su rostro, y toda la actividad se movía a las puertas de los locales de ambiente, especialmente al célebre Black & White, en pleno barrio de Chueca.

Por entonces, todo “se sabía”. Si alguien quería pagar por un polvo sabía dónde tenía que ir y sabía cómo iniciar el contacto con la persona que ofrecía sus servicios. Sin embargo, con el tiempo, la prostitución se ha virtualizado progresivamente: de las páginas de contactos, la oferta se trasladó al teletexto (¿alguien recuerda esta arcaica función de la televisión?). Más tarde, con Internet, estos canales perdieron gran parte de su utilidad (seguramente solo servían para los clientes de mayor edad, todavía acostumbrados al papel), y la red se ha convertido en el gran escaparate de los hombres con los que pasar una hora o una noche. Aquí hacemos un repaso de algunos de los cauces más habituales de contacto con un prostituto.

Telechapero

Todavía se arremolinan algunos hombres en torno a la salida del metro de Puerta del Sol, en el comienzo de la calle Montera. Décadas atrás dominaban, sobre todo, los hombres de origen español; hoy hallamos un gran mestizaje, desde árabes hasta latinoamericanos. Es fácil atisbarlo al salir de la boca del metro, hasta el más despistado puede captar la quietud de ese grupo de hombres en torno a las vallas, su deambular y su espera, sus miradas. Pero su número es cada vez menor. En gran parte, porque cada vez son menos sus clientes. Al principio, eran los chats (como el de chueca.com) o las páginas de contactos los focos principales para la negociación. Pero estos medios vetaban la oferta explícita de sexo por dinero, y cualquier conversación debía tener lugar en mensaje privado. Se requería la creación de una web específica donde no se censurase esta práctica, y así nació en 2006 Telechapero.com, hoy en día la mayor red virtual de prostitutos masculinos en España.

Young handsome smiling man sitting relaxed with phone

¿Por qué ha sido todo un éxito? Seguramente, por la total ausencia de censura en sus servicios. La página es una parilla donde aparecen todos los anuncios de hombres que se ofrecen como chaperos, un total de 910 por el momento. Normalmente se ordenan por provincia, aunque existe la opción de búsqueda avanzada. Y los perfiles incluyen nombre, edad, rol sexual, los servicios ofrecidos y la complexión física, además de una galería de fotos y una descripción personal. Lo más sorprendente es la posibilidad de incluir el teléfono móvil (obviamente, se trata de un teléfono de trabajo, no personal) que garantiza un contacto casi inmediato, sin necesidad de esperar a que se conecte a la web. Como dato curioso, existe una garantía de autenticidad que otorga la propia página y que, irónicamente, se llama ITV: se trata de un sistema de revisión del perfil que obliga al prostituto a desplazarse a las oficinas de la empresa para demostrar que las fotografías son reales y están actualizadas. El que pasa la ITV tiene más opciones de ser elegido.

Carlos (es un nombre totalmente ficticio, pues ha preferido ocultar hasta su nombre y pseudónimo) ofrece sus servicios por Telechapero desde hace unos años. “Yo entré en este mundo a través de una amiga puta. Ella me hizo perder el miedo y ganar confianza, y desde entonces es mi forma de vida”, nos comenta a través del whatsapp. Su precio es el habitual, 50 euros la hora, “aunque hay gente que cobra a partir de 150 euros, ya depende del caché de cada cual”, dice. “Yo recibo siempre en mi piso, donde también vivo. Pero muchos que empiezan pasan por los pisos llenos de hombres y habitaciones, con una especie de “madama” hombre que recibe a los clientes”. Es la escala de la prostitución masculina, del piso compartido al piso individual, “aunque si alguien ha de desplazarse, normalmente sube la tarifa”, asegura. Tras varias preguntas, Carlos parece desconfiar y deja de contestar, aunque ya se ha esbozado algo de su vida en estas primeras respuestas.

Aplicaciones para ligar

Hoy ligamos, en gran medida (por no decir en casi la mayoría de los casos), a través de aplicaciones como Grindr, Wapo o Scruff. La prostitución masculina también ha seguido este desplazamiento del flirteo de la realidad al móvil, y ha colonizado las parrillas de estos espacios virtuales, seguramente más productivos que cualquier chat, o que cualquier paseo por Puerta del Sol. En el origen de estas aplicaciones no existía todavía un código para designar este tipo de ofertas y, normalmente, al primer “hola” que alguien escribía le sucedía, de inmediato, el tajante verbo “cobro”. A partir de ahí, la conversación se detenía de súbito o proseguía, dependiendo de la búsqueda de cada cuál.

Con el tiempo y con el uso todo se perfecciona, y los códigos de las aplicaciones de ligar se sutilizan y se estandarizan para que todos “entiendan” y “sepan” de qué va cada perfil, y evitar así malentendidos. Por el tipo de fotos y posados, muchos chaperos se reconocen sin necesidad de aderezos, pero habitualmente su perfil está encabezado por un símbolo del dólar o por un billete. Sin embargo, desde hace escasos meses, todo ha sido sustituido por la figura del diamante (a veces se incluyen varios seguidos, de modo que el perfil se vislumbra con mayor facilidad entre los demás perfiles de la parrilla por su intenso color). “El diamante está para algo”, advierte alguien en su perfil, imaginamos que cansado de preguntas sin fin.

Pero existe otro símbolo que implica una especificación más sutil: el ancla. Alude solo a aquellos que ejercen la prostitución esporádicamente y solo por necesidad económica, es decir, a los chaperos que no se dedican profesionalmente a esto. Seguramente, el saber que se trata de alguien que cruza el umbral de la prostitución solo en contadas ocasiones puede servir de fetiche para algunos de los clientes. Sin embargo, muchos siguen abriendo estos perfiles sin saber que, bajo cada símbolo, hay una propuesta, aunque también una historia que escuchar.

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