Así no: estas son las posturas sexuales más peligrosas

Cuidadito con tomarse el Kamasutra al pie de la letra, porque hay algunas posturas sexuales basadas en el “más difícil todavía” que nos pueden ocasionar más de un problemilla. Que queramos trascender el misionero –que, por cierto, se encuentra entre las posturas más peligrosas– no significa que tengamos que poner a prueba nuestra flexibilidad y dejar nuestra integridad física en manos del destino. Así pues, mucho cuidado con estas posturas sexuales, algunas de las cuales, además de ser peligrosísimas, ¿son de verdad tan placenteras?

1- El clásico empotramiento. O, lo que es lo mismo, la mujer a horcajadas sobre el hombre, apoyada contra la pared y con ambas piernas rodeando el cuerpo del varón. Para empezar, cualquiera que la haya probado en alguna ocasión sabrá que tampoco es para tanto, y mucho más si nos estamos jugando pegarnos un buen porrazo. Entre el movimiento y el sudor, es posible que la mujer resbale hacia abajo, con los consiguientes daños colaterales. Por no hablar del pene, que si la caída es brusca puede doblarse y provocar incluso una rotura del músculo.

2- El perrito. Quién iba a decirnos que una de las posturas sexuales más peligrosas es la clásica del perrito, en que la mujer se pone a cuatro patas y el hombre tiene espacio para embestir a su antojo, con movimientos que, al parecer, en ocasiones se pasan de rítmicos. Parece ser que cerca de la mitad de fracturas de pene durante el sexo se producen en esta posición, que suele ser muy placentera para ambas partes, ya que es común que el hombre se emocione, incremente la intensidad de los empujones y… el drama está servido. El pene se sale y golpea contra el periné o contra la sínfisis del pubis, que son superficies óseas que pueden ocasionar daños importantes en el hombre. También es más común de lo que creemos que algunos hombres se equivoquen al practicar esta posición, especialmente si se hace a oscuras, e introduzcan bruscamente el pene en el ano. Si está sin lubricar la cosa puede acabar en tragedia…

Unfocused couple having sex in a bed

3- La ‘cowgirl‘. De nuevo una postura muy común que puede dar lugar a importantes lesiones de pene, ya que el hombre no controla los movimientos y cualquier ejercicio brusco por parte de la mujer puede lastimarle. Al parecer, es en esta postura donde se produce un mayor número de roturas de la túnica albugínea, una capa gruesa que envuelve las estructuras internas del pene y que permite una erección. El drama se produce cuando el pene está completamente erecto, y comienza con un chasquido que recuerda al sonido de un hueso que se rompe. Después viene la hinchazón, la deformidad y la presencia de un gran hematoma. Cuando esto ocurre, conviene acudir a un médico de inmediato, pues en muchos casos es necesaria cirugía.

4- La masturbación loquísima. En el caso de las mujeres, la masturbación no suele dar mayores problemas, si dejamos de lado las historias rocambolescas que todos hemos escuchado en alguna ocasión sobre la introducción de objetos imposibles en la vagina y las posteriores dificultades para extraerlos. Pero el exceso de vigor en el caso de los hombres puede ocasionar daños en el pene. Además, otra causa común de fracturas en el miembro se deriva de las populares cubanas
–masturbación con los pechos–, pues es frecuente que la mujer no sepa controlar la intensidad de sus movimientos, la fuerza y la presión de los senos y acabe lastimando al hombre.

5- Vertical inversa. Esto es, la mujer con los codos o muñecas apoyados en el suelo, de espaldas, las piernas sobre los hombros del hombre, y éste de pie tratando de perpetrar lo imposible. No solo no parece a priori demasiado placentera para nadie que no sea medalla de oro en acrobacias, sino que puede provocar un resbalón en la mujer, que no tiene suficiente fuerza en los brazos y… ¡patapam! Suele quedarse en sustillos, pero también puede provocar una fractura de muñecas, codos, antebrazos o dedos.

6- El puente. Ante esta postura solo cabe una respuesta: no. El hombre haciendo el puente, con el cuerpo apoyado en las muñecas y talones, con la mujer sentada arriba mientras él la penetra solo puede traer funestas consecuencias pese a que estéticamente sea la bomba. Para empezar, el hombre no tiene ningún tipo de control sobre su pene, que puede doblarse bruscamente si la mujer no es lo suficientemente cuidadosa, y para acabar lo que ya nos imaginamos: un desplome conjunto.

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