Así es una masturbación perfecta

Parte esencial de la iniciación sexual de cualquier varón –ay esas, p**** de la adolescencia-, es la clásica práctica que cae en desuso cuando se llega a determinada edad. Sí, el coito y el sexo oral, básicamente esas que un solo ser humano no puede llevar a cabo por sí solo. Las cogemos con ganas, vaya, y dejamos de lado la masturbación.

Pero un buen ‘hand job’, una masturbación fina o cómo quieran llamarlo requiere una técnica depurada, porque el miembro viril masculino es un apéndice lleno de secretos, misterios y, por qué no decirlo, sorpresas. Aquí va una pequeña guía para todas aquellas y todos aquellos que quieran alcanzar la perfección.

Presiona, que no pasa nada. Hay veces que, o bien por miedo a hacer daño o por desconocimiento, no se aprieta el pene suficientemente. El miembro viril masculino está diseñado para aguantar presiones así que no lo dudes: agárralo con fuerza.

La lubricación siempre viene bien. A falta de lubricantes, saliva, pero hay que tener en cuenta que la cosa cambia si hay circuncisión o no. El glande es una zona muy sensible en la que no se puede abusar de la fricción porque, ouch, puede llegar a doler. Por tanto, si se encuentra al aire libre hay que obrar con cuidado.

Variedad sí, pero también constancia. Demostrarle a tu pareja tu arte con la mano y la variedad de ritmos que puedes alcanzar está bien, pero, ojo, para que llegue al orgasmo, necesitarás estar un ratito con la misma ‘rutina’. Pon atención para descubrir qué es lo que más le mola y mantén un rato esa forma de masturbarle.

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Utiliza las dos manos. Hay varias opciones: poner una a continuación de la otra a lo largo del pene; poner una encima de la otra o ir variando (ya sabes, sin perder el ritmo). Aunque existe la posibilidad de emplear la mano libre en ir hacia…

…Los testículos. No los dejes de lado. En una buena masturbación es clave estimularlos. Eso sí, a otro ritmo diferente, ya que son más delicados que el pene. Acariciarlos con las yemas de los dedos, apretarlos ligeramente o incluso sujetarlos con la palma de una mano son pequeños gestos que pueden tener un gran efecto…

El ano, territorio para los atrevidos. Si en un momento dado quieres ir un poco más allá de una masturbación normal, es el momento de acudir al ano. Una pequeña presión o incluso la introducción de un dedo puede ser el culmen para tu chico. Eso sí, si nunca se lo has hecho antes, pregúntale, no vaya a ser que le de bajón.

Cuando eyacule, no pares. Un error clásico es frenar en cuanto las primeras gotas de semen hacen su aparición. No lo hagas: en ese preciso momento, está teniendo su orgasmo y si sueltas bruscamente, se habrá perdido la mitad de la diversión.

Eso sí, tampoco sigas hasta el infinito y más allá. Cuando haya terminado de eyacular, sigue un poquito (pero poco) y a menos revoluciones. Está comenzando a perder su erección y el pene se vuelve más flexible con lo que le puedes hacer daño.

Cada pene es un mundo. Recuerda esto: no todos los hombres ni todos los penes son iguales, por lo que puede ser que algo de lo que hayamos contado aquí no te sirva. Trata de que te guíe y anímale con la mirada, con algún gemidito o lo que sea que se te ocurra. Masturbar bien es un arte.

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