Argot marica (I): tipos de gais

Esto de hoy es asignatura troncal para poder sacarte el carnet de marica. Cualquier gay del mundo está obligado a conocer esta clasificación y saber a qué grupo pertenece él mismo. Así que atiende bien porque esta lista puntúa para fin de curso. Hoy hablamos de los “tipos de gay”.

Loca. Gay lampiño (o depilado) con muchísima pluma y una actitud ambigüa ante el género. A veces usa maquillaje. Le gustan las discotecas, la moda y las revistas del corazón. No se pierde Gran Hermano y es superfan de MYHYV. Vamos, el maricón de toda la vida que esperas encontrarte en un desfile de moda, en una peluquería y sobre un podio de gogó moviendo el culo como Nicki Minaj.  Cuando no están tan empoderados desearían no haber nacido con tanta pluma y poder pasar un poquito más desapercibidos. Especialmente porque todas las hostias homófobas se las llevan ellos.

Con passing.  Por el contrario, passing es la capacidad de pasar desapercibido, un gay con passing es uno de ésos a los que se les insinúan las mujeres y a los que sus compañeros de oficina incluyen en sus conversaciones machistas sobre las tetas de la nueva de contabilidad. Como nadie está contento con lo que le toca, muchos de éstos resulta que preferirían tener más pluma para evitarse “tener que pasarme la vida explicando que, a mí, en realidad, las mujeres no me dicen nada y que siento si se han confundido conmigo”. Eso sí: son a los que todo el mundo considera “gais guais” porque no dan la nota y parecen tan formales que les prestarías tu apartamento de la playa sin miedo a que te monten una orgía (ingenuo).

Leathers. Algunos se pasan y se visten de neumático hasta para llevar los niños al cole. Otros solo en sus fiestas llevan el “dress-code” tan a rajatabla: gorras, pantalones, chalecos, botas, guantes, arneses, chupas, muñequeras y gafas de sol, haga frio o 40 grados a la sombra. Los hay con más afición al fetiche, los hay con más afición por el sexo en grupo. Los hay que combinan con tejanos y los hay que no se salen del estricto cuero negro. Los hay orondos, delgados y los hay musculados. Mayores y jóvenes pero siempre, siempre, siempre, vestidos de piel. Como un bolso de marca cara.

Bear. De entrada un “oso” es un gay gordo y peludo. Pero si eres musculoso también vales (sólo que eres un “muscle bear”).  Si eres gordo pero no tienes vello corporal eres un chubby. También puedes ser peludo pero delgado solo que entonces, eres una nutria (“otter”). Si eres mayor te llaman daddy y, si eres joven, cub (cachorro). Y si no eres ni gordo ni peludo pero te gustan los osos, entonces eres un “chaser” o cazador. También hay “lobos” y “osos polares”. Si follas con uno de cada tipo y completas el álbum, el lobby rosa te regala una estancia en Maspalomas, ¿qué menos? ¡Si parecen los pokemons!

ositos

Musculoca. La musculoca solo come proteína: en batido, en barrita, en granulado, hervida y en barra al vapor (si le has pillado el doble sentido es que tú también vas de sauna). Sabe el nombre de todos y cada uno de los 639 músculos de su cuerpo y, al menos, tres tipos de ejercicios diferentes para hipertrofiarlos. Se depila para que se puedan apreciar sus formas esculpidas a base de ciclos. Se tatúa por la misma razón. Y no baja de cinco visitas semanales al gym con un mínimo de dos horas de duración cada una. Tiene una gran diversidad de conversaciones: lo mismo habla de superseries que de repeticiones. Eso sí: todas parecen esculturas griegas y es hermoso verlas.

Beautiful man in white  pants standing in the nature

Reales. Ninguno de los anteriores existe (bueno, los osos sí pero no te regalan estancias en Maspalomas aunque completes el álbum). Somos una comunidad con una representación social basada en estereotipos y a veces se nos confunde con los modelos publicitarios o los personajes de ficción. Ni somos ricos ni glamurosos: muchos han sufrido fracaso escolar debido al bullying que padecieron y los problemas de ansiedad debidos al estrés postraumático dificultan una buena carrera profesional. Tampoco sabemos distinguir el azul pavo real del azul eléctrico. Pero sabemos que los ratitos de risa que echamos son lo que hace que la vida merezca la pena. Y por eso nos reímos hasta de nuestros mismos estereotipos. A ver quién nos imita en eso.

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