¿Alguna vez te han discriminado por tener “pluma”?

“Solo gente sin pluma”. “Abstenerse afeminados”. “Fuera del ambiente”. Estas frases se pueden leer repetidamente en cualquier perfil de grindr que abrimos al azar. “Solo gente masculina”, es la siguiente idea que la suele acompañar. Todas estas frases se han convertido casi en un mantra, en un cliché dentro de las aplicaciones para ligar. En ellas, al parecer, hay una mayoría de hombres que siente que no tienen rasgos de lo que puede considerarse “pluma”, y que buscan alguien “similar”. Pero este deseo, que ellos califican como natural (“soy un hombre y me gustan los hombres, no las mujeres”, suelen excusarse) es, en realidad, otra forma de discriminación. Lo que viene a llamarse “plumofobia”. Y aquí te damos algunas claves para entender un proceso que, cada vez más, afecta al interior de la comunidad homosexual.

1. Elogio de la pluma
La comunidad heterosexual ha discriminado siempre a la homosexual y, como forma de protección y, a la vez, de reconocimiento entre los miembros, hemos desarrollado una serie de códigos para comunicarnos en un lenguaje secreto, invisible. Es lo que podríamos llamar pluma, que la activista LGTB Susana López Penedo, en su libro ‘El laberinto queer’, describe como un juego de “inversión sexual e imitación de las cualidades femeninas”. Eso en el caso del hombre gay, pues en el caso de la lesbiana, la performance iría en sentido contrario, hacia la imitación de los rasgos masculinos, lo que ha decantado en la figura del “marimacho”. La loca y la camionera serían, entonces, los dos estereotipos de la pluma que, desde el mundo hetero, se ridiculizan.

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En principio, se trata de una estrategia de reconocimiento y, a la vez, de una inversión de los roles de sexo y género. La pluma es una forma de combate frente al rígido código que asociaba sexo masculino con género masculino. Teniendo pluma se afirma que el hecho de tener órganos sexuales masculinos no implica actuar como un hombre, pues el género es, en realidad, una “performance”, tal y como afirma la activista Judith Butler. Una teatralización.

2. De la homofobia a la plumofobia
¿Qué ha pasado después para que la pluma sea objeto de discriminación? Seguramente, haya sido el proceso de integración en la sociedad lo que ha cambiado las reglas del juego. Obviamente, nadie daría marcha atrás en la lucha por los derechos de la comunidad LGTB, pero a cambio de la aceptación parece que se ha producido una cesión de la pluma. En estos años se ha producido una homogeneización en la comunidad gay, asumiendo la conducta del hombre heterosexual como forma hegemónica de ser en la sociedad. Y, con ello, la pluma ha quedado recluida al margen, como una excentricidad menor. Lo que era una forma de ser, es ahora un residuo. Por ello, se puede afirmar que hemos pasado de la homofobia a la plumofobia, que es otra forma de homofobia: si antes era el hombre hetero el que discriminaba al gay, ahora es también el gay el que discrimina a otro gay si no asume la conducta dominante.

3. Solo hombres muy masculinos
La plumofobia es, a veces, difícil de captar en la vida real. Pero es por las redes y las aplicaciones para ligar por donde circula como la espuma. Allí, hay una mayoría de perfiles en los que se ensalza una idea de “masculinidad”, entendida como una ausencia de pluma y una similitud con el hombre heterosexual. Y, a partir de ese arquetipo, se produce una circulación muy concreta del deseo: se buscan “hombres muy masculinos”, “que no sean locas” y que sean muy “machos”. Como si macho fuese una esencia, y no una construcción cultural. A veces, algunos incluyen una excusa: “no tengo nada en contra de ellos, pero es lo que me gusta”. Y bajo esta idea subyace una premisa: el deseo es una forma de discriminación.

Seguramente, bajo estas búsquedas se esconde una represión y una censura de sí mismo, de la propia pluma. El que más habla es el que más tiene que callar… Y esto lleva a la escritura de algunos comentarios en internet como “si la imagen de homosexualidad que ellos mismos quieren dar es la de gente haciendo carreras con tacones o subida en tanga a una carroza frotándose como si no hubiera mañana, allá ellos. Luego que no se quejen si esto no avanza como debiera”, afirma un lector en ‘El Mundo’ en un artículo sobre la plumofobia. Como si llevar tacones no fuese más revolucionario que no llevarlos…

A su vez, el anonimato de las redes y de las aplicaciones para ligar es un factor que multiplica este tipo de conductas que habría que asimilar con el racismo o la xenofobia, con los comentarios de “abstenerse latinos” que también vemos. Es una discriminación hacia un colectivo y, por lo tanto, no valen las excusas, solo el combate. Por eso, uno se alegra al encontrarse perfiles con frases como “abstenerse gente que discrimina por pluma, raza y origen”. Quizá ésa sea la persona más idónea para hablar, y para follar.

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