Agujetas en el frenillo

Hay un axioma inmutable en el ámbito de las relaciones sexuales: “Si besa bien, folla bien”. Como toda norma, puede en algún momento que encuentres la excepción. Pero por regla general, si el beso no funciona la cosa no va a fluir debidamente. Y mutatis mutandis, hay besos tan intensos y coordinados que, en cuanto te das cuenta, todavía no has dejado de besar pero, de algún modo, ya estás follando, aunque no te hayas quitado la ropa. Cuando eres adulto, muchísimos besos acaban en polvo. Pero cuando eres joven, un beso es la gasolina que prende tus fantasías. Y es demasiado pronto para demostrar el principio empíricamente.

De niños nos enseñan muchas cosas, pero no nos dicen cómo hay que cobrar dinero, por ejemplo, y mucho menos nos dicen cómo se liga. En el fondo, ligar es una forma de comunicación y follar un lenguaje. Si al menos nos explicaran lo que no hay que hacer, nos habríamos ahorrado muchos noes en las discotecas y algunos guantazos, embarrados entre música ochentera y sanfranciscos. Para colmo, la educación en colegios unisex generó mucho reprimido a la hora de intentar acercarse a personas del sexo opuesto. Observen que la calificación que queda para los restos casi siempre es “opuesto”  y no “distinto”, lo que ya de por sí deja clara un aura de rivalidad. Así, muchos confunden “conquista” con “caza”, lo que suele conllevar grandes meteduras de pata en la interpretación del lenguaje no verbal.

Boy Kissing Girl

En mi adolescencia entré a estudiar en un colegio unisex de curas. Pero ojo, yo venía de vivir infancia y pubertad en educación mixta. Cuando acabé Octavo de EGB (el equivalente a Segundo de la ESO) y entré en el nuevo colegio en Primero de BUP (es decir, Tercero de ESO) sentí que me encerraban en una prisión de Manila. Cuarenta y cinco orangutanes en clase que absorbimos durante cuatro años conocimientos de Lengua, Matemáticas y Latín como esponjas pero salidos el cien por cien del tiempo. Cuando mis amigos del nuevo colegio encontraban chicas por la calle, más que hablar emitían onomatopeyas con reminiscencias a animales exóticos de alguna selva tropical perdida. En los libros no viene el arte de la comunicación, y mucho menos el de la seducción.

Pero yo procedía, como he dicho, de una educación en un colegio público mixto que parecía la academia de “Fama”, pero sin bailar. Y allí, antes de emigrar al de curas, había pasado algo.

Un día, acabando el último curso en aquel colegio mixto, durante un recreo, salí de los urinarios y vi sentada a Sandrita, una chica de mi clase, llorando desconsoladamente en las escaleras del patio. Me senté a su lado y le pregunté qué le pasaba. No quiso responderme, pero estaba en pleno disgusto hormonal. Como yo no sabía qué hacer y tenía que volver al partido de fútbol, resolví el entuerto dándole un beso en la mejilla. Seguí a lo mío, pero algo debió despertar ese acto de generosidad inconsciente en ella porque, unos meses después, en el viaje de fin de curso que hicimos a Suiza, se me informó de que le gustaba a Sandrita, la cual, por cierto, había pegado el estirón. Se me conminó a hablar con ella, y así lo hice. Nos sentamos en unos columpios y mentimos sobre relaciones anteriores, para evitar confesar que a los catorce años estábamos más verdes que un melón en abril. Luego nos escondimos tras un muro y allí, a orillas de lago Leman, nos besamos.

Mi primer beso duró cuarenta y cinco minutos, sin descansar para respirar. Intenté tocarle un pecho pero, sin dejar de besarme, murmuró con clase:
—Todavía no.
Al día siguiente, mis amigos me preguntaron:
—¿Qué se siente?
—Agujetas en el frenillo—respondí.

Durante aquel viaje, apenas hablábamos. Sólo nos besábamos. Luego, en agosto, ella cortó por carta manuscrita, como debe ser. Era el verano de 1986, y la fugacidad de su amor coincidió con la del cometa Halley. Después entré en la prisión de Manila.

Se olvidan algunos polvos en el camino, pero no se olvida el primer beso. El olor de su saliva es un recuerdo imperecedero y puedo acceder a él cuando quiero. Ni siquiera fue el primer amor. Sólo la primera experiencia. Pero, si tal y como besa alguien es como folla, espero no encontrármela por azar. Tengo una curiosidad voraz por saber cómo le ha tratado la vida y ponernos al día, sin necesidad de hablar.

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