9 señales de que una chica con pareja te da luz verde

Tenía yo un amigo que, durante una época de su vida, practicó lo que yo llamaba ligoteo kamikaze. Llegaba a un bar y localizaba a una pareja, buscaba el contacto visual con ella y, cuando su novio se iba al baño, a fumar o a pedir una copa a la barra, se acercaba a la chica y la persuadía de que era el tío ideal para ella. Tal cuál. Le soltaba que era mejor que su novio, que probara y que “ya se convencería” o le soltaba que por qué no le daba su teléfono.

No tengo que deciros que la mayoría de las veces esto acababa como el rosario de la aurora. Pero, ojo, hubo veces en las que, contra todo pronóstico y con un 1.000 a 1 en BetandWin, la cosa funcionaba y se iba silbando, con el móvil de la chica guardado en contactos como “tía con novio 6”.

En realidad, mi amigo estaba jugando a la ruleta rusa y no trabajaba con corazonadas, ni con intuiciones ni mucho menos con señales. Para el resto de los mortales, sin embargo, ir a por una chica con pareja exige de una observación atenta digna de un juez de pista de Roland Garros o de un cámara de National Geographic a la búsqueda de imágenes sobre el apareamiento de la mantis religiosa. Estas nueve señales os pueden echar una mano si queréis adentraros en territorio comanche:

Asian couple with wine in Restaurant

Su mirada. El contacto visual. El principio de toda posible relación. Si esa chica con novio que trabaja/estudia/coincide contigo en algún sitio te busca con su mirada y no la retira, felicítate: ya hay algo sobre lo que trabajar.

¿Habla de su pareja? Poco o quejándose. Si, en tu presencia, se refiere a su churri en rarísimas ocasiones o con expresiones del tipo de “ya está este con sus gilipolleces”, es posible que la luz esté verde. Aún así, no pases de 30. O dicho en otras palabras: no te embales.

Esquiva conceptos como “fidelidad, compromiso, pareja…”. Y, además, se esfuerza en mostrar su cara más libre o salvaje. Atento a si insiste en frases como “yo es que sigo yendo al cine sola a ver las pelis que en realidad me molan”, “de vez en cuando me voy en mi moto a perderme por la Sierra” o “ayer salí con amigas y, huy, me tomé siete Jäggermeister y no sé ni cómo llegué a casa”. Apunta, porque es material interesante.

Te da su teléfono y te agrega a sus redes sociales. Vale, tenéis una relación estándar a través del mail del curro/universidad peeeero… de repente, un buen día (y debido seguramente a que cada vez os mandáis más mensajes), suelta la siguiente frase. “Oye, ¿qué te parece si te apuntas mi móvil? Ah, y de paso te busco en Facebook, Instagram y Twitter, ¿vale?”. Tú abre la puerta y respóndele con un “guay, y mira, por si te interesa, te paso también mi Snapchat”.

Aprovecha la mínima para quedarse a solas contigo. Puede suceder en afterworks del curro o en las fiestas de la universidad, pero el caso es que, si tú te quedas, ella también. Es más, antes era de las que se iba a casa corriendo y ahora se apunta a un bombardeo… si andas tú por medio, claro.

Si tiene un problema, te consulta antes a ti. De pronto, recibes un whatsapp: “Oye, es que voy a cambiarme de móvil y dudo entre el nuevo Galaxy o el iPhone este grande, ¿tú que opinas?”. Mmm… espera, ¿no curraba su novio en una tienda de telefonía?

Pone de relieve que hay espacios en los que está sin él. Bueno, bueno… esto ya son palabras mayores. “Nada, este fin de semana me voy a quedar sola porque Alfredo se va con sus amigotes (amigotes, al loro) de casa rural, a montar en quad y a hacer cosas así (que no le interesan: bostezo opcional)”. Suelta la frase y luego te clava la mirada. Reflexiona, porque igual ya tienes plan para el viernes y el sábado.

Habla de ti delante de otra gente. “Ay, es que Jorge de Marketing es la bomba, el otro día contó una historia que te partes la caja de cuando estuvo de vacaciones en Tenerife”. Jorge eres tú y esto se lo contó a un colega común que, ahora, te lo está diciendo a ti. La cosa pinta bien y, si se repite, aún mejor.

Introduce temas románticos en vuestras conversaciones. Ni siquiera hace falta que sea algo en plan “Holi, ¿qué llevas puesto?”, sino que puede ser algo más sutil como “a mí es que los hombres me gustan pelirrojos” o “siempre me pillo por tíos a los que le mola el baloncesto”. Querido amigo zanahorio de dos metros de altura: igual es el momento de ir a por ella…

Click aquí para cancelar la respuesta.