7 cosas que los hombres hacen cuando van a tener sexo

En general, el género masculino no se entera de nada. Para acabar de captar que le interesamos a una mujer, tiene que mandarnos señales tamaño neón de club de carretera. Es decir, las sutilezas no van con nosotros. No se trata de insinuaciones ni miraditas sutiles, necesitamos un banner en nuestro navegador del ordenador que ponga “A María le pones” para pillarlo.

Por eso, casi nunca dejamos nada preparado en casa: ni una cama de pétalos de rosa ni un sendero de velas encendidas hasta nuestro lecho (bueno, esto mejor que no) pero, en esas raras ocasiones en las que tenemos una cita que puede acabar en encamamiento, sí que hacemos una to do list para tenerlo todo preparado. Así funciona la cabeza de un tío que piensa que esa noche moja.

Recoger la habitación. Y la casa entera. A ver, no estamos diciendo que no lo haga a diario, pero este es el momento de liberar a la silla de al lado de la cama de la pesada carga en forma de ropa sucia que habitualmente la oprime. También se ordenan libros, discos e incluso videojuegos. Y el macho medio no lo hace por ponerlos por orden alfabético sino porque suelen estar en equilibrio precario. No vaya a ser que la edición megaespecial de El Señor de los Anillos le caiga encima a la muchacha en plena cabalgada y la descoyunte.

Elegir la ropa interior. No es que los hombres tengamos la misma variedad de prendas íntimas que ellas, pero hay categorías. El slip de la pachanguita de fútbol del viernes con los colegas no cuenta. Tampoco el bóxer rojo con chiste verde. Es el momento de escoger unos calzoncillos apañados, en blanco o en negro, sin extravagancias ni dibujos de los Simpson ni escudos de equipos. Tampoco hace falta que sean apretadísimos ni de colores de fantasía, que no somos CR7.

No masturbarse. Las manos quietas que van al pan. Es fácil que, ante la perspectiva de un polvo épico, nos emocionemos y dejemos volar nuestra imaginación. Es entonces cuando nos excitamos y decimos, ¿qué demonios hacemos ahora? Aunque en Algo pasa con Mary recomendaban zurrarse la sardina antes de una cita importante, nosotros no lo haremos. Primero, porque puede acabar llevando a la apatía y, segundo, porque dependiendo de nuestra capacidad de recuperación, a lo mejor acabamos no dando la talla.

Young man giving condom

Comprobar que hay condones. Pensamos que no hace falta decir esto, pero sabemos que hay semanas muy duras y si hemos terminado un Excel antes de salir disparado a nuestra cita, es un detalle que se nos puede pasar por alto… Vagabundear por farmacias de guardia o bajar a los baños de cada bar en el que estemos para ver si hay máquina son soluciones de urgencia que pueden bajar el calentón cosa mala. Un poco de previsión.

Comprobar aliento. Fumadores, comedores compulsivos de morcilla de Burgos o aficionados al chato de vino de media tarde, esto va por vosotros. Todo rollo comienza con un beso y ahí no podemos arriesgarnos a que un pestuzo a ajo o a tintorro del malo nos arruine el momento. Es mejor darle al cepillo eléctrico y al hilo dental como si fuéramos al dentista. Eh, ¿y si la chica es odontóloga? Pensad en ello.

Dejar enfriando una botella. Tomar la última en casa exige una mínima preparación. Hay horas en las que nadie te vende una botella de Moët & Chandon o de ginebra de la buena, así que mejor tenerlo todo esperando en casa. Tampoco está de más tener algo para mezclar y hielo, por supuesto. No hay nada más anticlimático que vagar de gasolinera en gasolinera en plena madrugada en busca de unos cubitos y de un pack de tónicas.

Apagar el móvil. Básico entre los básicos. Con todo el enganche a redes sociales que tenemos, podemos acabar comentándole por whatsapp a un colega que hemos triunfado o mirando nuestras últimas actualizaciones de Facebook en plena faena. Mejor dejarlo apagado o, si somos muy yonkis, en modo avión.

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