5 mitos sobre la vagina que debes dejar de creer

Cuando hablamos de vaginas, existen un montón de ideas erróneas. Y si no te lo crees, haz la prueba entre tus amigos. Así que hoy vamos a aclarar algunos mitos que nada tienen que ver con la realidad.

1-Huele mal. Sí tiene un olor propio, varía con cada mujer, pero no es desagradable. Es más, a algunos hombres les excita muchísimo. Cuando esta parte del cuerpo desprende un olor inusual o putrefacto probablemente se deba a un problema de salud (una infección bacteriana, una ETS…). En condiciones normales no tienes por qué preocuparte, aunque dependiendo del momento -especialmente durante el periodo, cuando cambia el pH- y de la actividad, olerá de una determinada manera. Por ejemplo, lo que ingieres, ya sean alimentos o medicamentos, también afecta. Ante un aroma vaginal intenso, existen algunos remedios para controlarlo, como ya hemos explicado en El Sextante.

Woman with hands holding pressing her crotch lower abdomen. Medical or gynecological problems, healthcare concept

2-La incontinencia solo sucede después del parto. Al igual que este trastorno afecta también a los hombres aunque pensabas que no, tampoco es verdad que la pérdida de orina solo aparezca tras dar a luz. Está claro que las embarazadas y en el postparto tienes más posibilidades de sufrir este problema, pero las jóvenes sin hijos no se libran de poder padecerlo, especialmente cuando se está practicando ejercicio físico (y también cuando se ríen mucho o estornudan). Puede aparecer a cualquier edad. En una mujer sin hijos, el suelo pélvico se puede debilitar por diversas causas, entre ellas, la obesidad, el estreñimiento, la práctica de deportes de impacto e incluso por tomar algunas medicinas. A una edad joven no se suele operar, sino que suele esperar hasta que hayan tenido familia, aunque el problema se puede tratar con ejercicios o fisioterapia y algunos medicamentos.

3-Los lavados vaginales protegen contra infecciones. Es todo lo contrario, pueden provocar vaginosis bacteriana y enfermedades de transmisión sexual, ya que alteran el equilibrio natural de las bacterias en la vagina, es decir, la flora vaginal. Por si no lo sabes, las duchas vaginales consisten en lavar las partes íntimas con agua o una mezcla de sustancias (a menudo bicarbonato sódico, yodo, antisépticos o fragancias). Sin embargo, los médicos no las recomiendan porque pueden causar diversas afecciones. Vamos, que es peor el remedio que la enfermedad. Lavar la vagina con agua tibia y un jabón suave y neutro es la mejor forma de mantenerla limpia.

4-El sexo puede agrandar su tamaño para siempre. Nada más lejos de la realidad, incluso si el pene está por encima de la media, y ni siquiera con el uso de juguetes sexuales. La vagina es un canal muy elástico por lo que se ensancha para dar cabida al miembro del hombre o a un bebé en el parto pero luego vuelve a su tamaño original. Lo corrobora este estudio  de la Universidad de Pennsylvania. Según otras investigaciones, la vagina mide entre 6,5 y 12,5 centímetros  y entre 2,1 y 3,5 cm de ancho. Y no importa cuánto sexo tiene una mujer, esto no cambia el tamaño.

5-Todas las vaginas son iguales. La morfología de los genitales varía con cada persona. Como os explicamos en este artículo, http://consejos-sexo.atresmedia.com/en-la-variedad-esta-el-gusto-descubre-que-tipo-de-vagina-tienes/ el clítoris puede sobresalir más o menos y los labios no suelen parecerse a los de las actrices porno, sino que su apariencia difiere en tamaño y forma.

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