5 consejos para mejorar la inteligencia emocional en tu relación

La inteligencia emocional, introducida por el psicólogo Daniel Goleman, es la capacidad para reconocer, manejar y comunicar nuestras emociones y responder adecuadamente a las emociones de otras personas. Gestionar tus propias emociones de forma positiva redunda en tu bienestar y en el de los demás. Aplicado a la pareja, mejora la relación. Os ayudará a empatizar con el otro y os evitará malos rollos. Irene Bedmar Martín, psicóloga y sexóloga clínica en El Diván de Irene, nos da las claves para que suavicéis incompatibilidades y disfrutéis de una vida emocional equilibrada.

1- Empatía y algo más. Practicar la empatía, que es la capacidad que nos permite ponernos en el lugar de nuestra pareja para saber qué está pensando y/o sintiendo. Y junto a ella, también la escucha activa, es decir, saber escuchar al otro. Si realmente respeto y amo a mi pareja, debería empatizar con ella con la suficiente atención como para aparcar temporalmente mis propios pensamientos. Si mi pareja se siente fatal y está expresando sus sentimientos o ideas, sentir que le escucho de verdad puede suponer un apoyo emocional enorme en un momento crítico. Y esto, a su vez, tiene un gran potencial terapéutico para la relación en general.

Además de empatía y escucha activa, hay que ir más allá y cultivar la compasión. ¿Para qué nos sirve limitarnos a saber qué piensa o cómo se siente nuestra pareja si luego no damos el paso de ayudarle si nos consta que está necesitando nuestra ayuda? Ese paso extra se llama compasión.

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2- Comunicación asertiva. Una cosa es la empatía y otra ser adivinos. Nuestra pareja no tiene por qué saber qué pensamos o sentimos en cada momento, por el simple hecho de que exista conexión amorosa entre nosotros. La comunicación asertiva es la herramienta perfecta para salir de este embrollo. Es decir, hay que saber comunicarse no desde los extremos (pasividad/inhibición o agresividad/intimidación), sino desde el sano equilibrio que nos aporta la asertividad, esa capacidad imprescindible para entendernos entre las personas al hablar y que procede simplemente del auténtico respeto al interlocutor y a uno mismo.

3- Expresión emocional. La expresión de nuestras emociones es otra de las grandes asignaturas pendientes en la mayoría de las parejas. El motivo es que solemos confundir las quejas, los reproches, las peticiones y, en ocasiones, los abusos, con la expresión de nuestros sentimientos y deseos. El modo más eficaz de evitarlo es aprender a identificar y gestionar nuestras propias emociones antes de expresarlas, algo que requiere esfuerzo, aceptación y honestidad, pero es muy gratificante, como todas las cosas buenas de la vida. Cuando existe una gran dificultad para identificarlas y gestionarlas, la psicología clínica ofrece recursos muy eficaces como la terapia racional-emotiva.

4- Mínimos y acuerdos. Es fundamental que cada miembro de la pareja establezca, individualmente, lo que en terapia llamamos “los mínimos”, para saber si podemos aspirar a una relación estable y equilibrada con la otra persona. Si mis mínimos son compatibles con los mínimos de mi pareja, el futuro de la relación dependerá sobre todo del compromiso y el esfuerzo cotidiano por el respeto muto de dichos mínimos. De lo contrario, la relación siempre estará siendo forzada -por dejadez o por falta de conciencia de estos mínimos-, algo que suele deteriorarla o destruirla.

Estos mínimos son todo aquello que yo necesito en la relación y sin lo cual, prefiero no embarcarme en todo lo que implica una relación de pareja. Pero en muchos casos, las personas tienen dificultades para identificarlos y aún más para expresarlos como petición a su pareja. Los acuerdos prácticos en temas concretos cotidianos o importantes para la pareja reducen la incertidumbre, la tensión, las emociones negativas, los malentendidos, los reproches, etc. y aportan armonía en la convivencia.

5- Contacto físico no exigente. El sexo en pareja no es sino la extensión de nuestra sexualidad individual. En consecuencia, si mantenemos una visión amplia de nuestra sexualidad y nos atrevemos a explorarla sin miedo y a comunicársela a nuestra pareja sexual, nuestras experiencias con ella serán mucho más enriquecedoras y satisfactorias. Una de las formas más eficaces de lograr esto es huir de las exigencias sexuales y de las falsas creencias, y esto es aplicable a ambos sexos. Las viejas ideas procedentes del modelo de sexualidad prohibitivo/reproductivo/falocrático suelen ser la causa de la inmensa mayoría de los problemas sexuales y de pareja que atendemos a diario en las consultas de sexología.

Además de esto, no podemos olvidar la importancia de la caricia, del contacto físico en el sentido más amplio de la palabra. Cuando acariciamos, masajeamos, abrazamos o besamos a la persona a la que amamos, entramos en un estado físico y emocional “curativo” para las dos partes. Está científicamente demostrado el enorme poder terapéutico de este tipo de contacto. Si tenemos la suerte de convivir con una persona a la que amamos, deberíamos fundirnos en un abrazo largo e intenso con ella al menos una vez al día.

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