5 claves para afrontar sin miedo una ruptura

No te cabe la menor duda: las cosas ya no funcionan entre vosotros. Aquella relación que te llenó de ilusión y prometía ser el amor de tu vida es hoy insalvable. No hay manual para crisis de pareja que solucione semejante desgaste. No hay terapeuta capaz de devolver la magia y la confianza a vuestra historia. Por supuesto: te jode, te duele, te pica. Sin embargo, sabes que esto no va solo de ti sino también de los sentimientos que tiene la otra persona. Ni quieres herir a quien tanto amaste ni tampoco generarle falsas esperanzas, pero las razones para decir adiós caen por su propio peso: tu pareja resta y no suma, los sentimientos han cambiado, no hay comunicación, vuestra vida sexual brilla por su propia ausencia, las discusiones son continuas, existen mutuas infidelidades o la relación está en punto muerto. En definitiva, ¡se acabó!

Lo fácil es continuar con esa relación por temor, inercia o cobardía. Posiblemente esta sea la opción menos satisfactoria para ambos, pues solamente conseguirá incrementar que, llegado el momento, el dolor, la tristeza y la incertidumbre sea mucho mayor. Si tu relación es la crónica de una muerte anunciada, no pongas más excusas y asúmelo:

1.  Es hora de hacer jaque mate a tu propia hipocresía. Llegó el momento de sincerase con tu pareja. Para ello tienes que asumir que vas a hacerle daño. Sabemos que esto es complicado, pero llenar tu vida de distracciones para evitar este duro momento solo alimentará la creencia de que “lo vuestro” puede arreglarse mágicamente con el paso del tiempo. Aunque no quieras herirla y tengas todo el tacto del mundo para romper una relación, la otra persona va a sufrir y es algo prácticamente inevitable. Estamos ante un cambio y no todas las personas tienen habilidades suficientes para adaptarse a la nueva situación y aceptar lo que está pasando. Lo ideal es que cites a tu pareja en un lugar neutral y que evites acompañar ese “tenemos que hablar”, de comentarios vacuos, que solo generan falsas expectativas como “necesitamos un tiempo” o “es posible que en el futuro lo volvamos a intentar”.

Es importante que preveas que el shock es aún mayor cuando tu pareja no ha detectado situaciones de alarma o cree que lo vuestro sí o sí tiene solución. Ante esto, es posible que tu pareja no solo sufra sino que también se enfade. Exprésate, justifica tu decisión, muestra cómo te sientes. Pero, en ningún momento, permitas que se vuelva agresiva contra ti. Si esto sucede, llegó el momento de irse del lugar y limitar el contacto hasta que pueda haber una conversación donde la tensión no se convierta en agresión.

2. No es el momento de lavar los trapos sucios del pasado. Es habitual que cuando se da una ruptura, la otra persona aproveche para sacar toda la artillería pesada que creías más que enterrada. La asertividad y la empatía son tus mejores aliadas para hacer comprender a tu pareja (o ya ex pareja) que, como decía aquella canción de Rocío Jurado, se rompió vuestro amor de tanto usarlo.

También es frecuente que la otra persona se ponga a la defensiva. Cuando alguien te rompe el corazón, no quieres además, perder. Es como si necesitases pelear un poco, hacerle ver a la otra persona que tampoco hizo las cosas bien en su día… Puede ser que haya motivos para ello, que existan historias sin cerrar o que los conflictos del ayer sigan latentes. Sin embargo, ahora no toca: hay demasiado malestar en este momento como para hacer un recuento de los daños y que ambos salgáis reforzados. El consejo es que no entres a este juego. Evita las discusiones interminables, los conflictos que toman forma circular y los desprecios mutuos. Además, si tan claro lo tiene también la otra persona, al final, lo que resuena no es una canción de copla sino ese crudo Joaquín Sabina entonando: “para decir con Dios, a los dos nos sobran los motivos”, ¿no?

3. Romper no significa hacerlo de mal rollo. Terminar una relación no implica que haya que hacerlo con rencor, desprecio, rabia u odio. Llenarse de este tipo de emociones solo conseguirá que conviertas en enemigo a la otra persona. Si de verdad no quieres hacerle daño, tienes que facilitar el adiós, no convertir tu decisión en una dura batalla sobre quién tiene la razón o en una competición sobre quién de los dos va a sufrir más. Cualquier estrategia pasivo-agresiva propiciará un clima idóneo para que la tensión se prolongue durante varios meses y posiblemente también afectará a vuestra autoestima. Una cosa es que la persona vaya a sufrir ante tu decisión y otra muy distinta abocar la situación a una continua agonía.

4. No lo hagas más difícil. Piensa asimismo en la posibilidad de que tengas que ser tú quien hoy duerma en el sofá o tenga que hacer las maletas. No te obsesiones con la idea de que por haber tomado la decisión eres el malo o la mala de esta película. Es una cuestión de coherencia y de respeto. Tu decisión conlleva también una responsabilidad y un cambio de actitud. Es importante que dejes espacio a esa persona y que no generes situaciones incómodas si acaso compartíais convivencia.

5. No lo olvides: hay vida después de la ruptura. Las relaciones tienen sus propios riesgos, el principal es que pueden acabar. Si vuestra relación creció al margen de los mitos del amor romántico, podréis seguramente afrontar con mayor serenidad esta nueva situación. Si por el contrario, sois de los que creéis en el mito de la media naranja o que el amor está predestinado, es una fuerza irracional o requiere entrega total, quizá es un buen momento para repensar individualmente sobre vuestro modelo afectivo. Acabar una relación puede favorecer a que las personas atraviesen un proceso de introspección, con resultados positivos en futuras relaciones. Pese a los sentimientos de tristeza, es un buen momento para poner en valor quién eres, qué necesitas y qué quieres. ¿Por qué decimos esto? Fácil. Por el mero hecho de que hayas tomado tú la decisión no implica que no vayas a sufrir también.

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