15 datos curiosos sobre las tetas que ni te imaginabas

Todos nacemos con tetas, tanto hombres como mujeres, y sí, no cabe duda de que, particularmente las femeninas, son dos atributos geniales y maravillosos. Desde los clásicos y respetuosos ‘pechos’ o ‘mamas’, al ‘melones’, ‘bufas’, ‘mamelles’, ‘ubres’ o ‘peras’, el universo de las tetas y características como su tamaño, turgencia, volumen o inclinación, suelen estar y estarán entre nuestros temas de conversación más recurrentes. Sin embargo… ¿tanto sabemos realmente sobre ellas?

He aquí 15 interesantes datos con los que podrás hablar de esa región del cuerpo humano comprendida entre la base del cuello y los hombros ubicada en la parte delantera del torso como un auténtico experto en tetología.

1. Buenísimas noticias: pueden hacer que disfrutemos de un intenso orgasmo. Especialmente si centramos la estimulación en los pezones, se activará un área de nuestro cerebro conocida como corteza sensorial genital, exactamente la misma que se enciende con la excitación clitoridiana, vaginal o la que concierne al cuello del útero. La clave está en darles el protagonismo que se merecen y acariciarlas, lamerlas y agarrarlas adecuadamente.

2. Lo habrás escuchado cien mil veces, y resulta que es cierto: todos tenemos un pecho algo más grande que el otro y, tal y como demostró un estudio, parece ser que el izquierdo gana por goleada en lo de tener un tamaño algo mayor. Haz la prueba.

3. Un momento, ¿cómo sabemos si vamos en buen camino para alcanzar el orgasmo de pecho o pezón que decíamos? Fácil, fíjate en si se están excitando. A medida que aumenta la estimulación sexual, las tetas pueden aumentar hasta en un 25% su volumen así que su grado de placer es visiblemente medible.

4. Técnicamente, los hombres tienen senos porque todos los fetos son mujeres durante sus primeras semanas de desarrollo. Dos bonitos recuerdos que se llevan.

5. Los pechos tienen un peso medio de casi 1 kilo –medio kilogramo cada uno–, su volumen equivale al entre el 4% y el 5% del total de nuestra grasa corporal y al 1% del peso total del cuerpo de una mujer.

6. Crecen. Las tetas pueden continuar aumentando su tamaño entre dos y cuatro años después de haber tenido nuestro primer periodo. Pasado este tiempo, y a no ser que su volumen se dispare como consecuencia de cambios radicales de peso, embarazos o consumo de cierto tipo de anticonceptivos orales; deberías empezar a asumir cuál es tu talla natural genéticamente estipulada.

woman holding her breasts

7. Déjalas libertad porque usar permanentemente sujetador puede ser el gran responsable de que tu pecho esté caído. Esto es lo que aseguró en 2013 el profesor Jean-Denis Rouillon, de la Universidad de Besançon, quien, tras analizar durante 15 años cómo variaba la anatomía de 320 mujeres, descubrió al mundo que este accesorio puede hacer que se debiliten los músculos responsables de que los pechos se mantengan firmes y que las mujeres que no los usaban lucían unos pezones casi siete milímetros más altos que las asiduas al sostén. “Existen múltiples beneficios de no usar sujetador, como respirar más fácilmente, estar más cómodas y sufrir menos dolores de espalda”, añadía el profesor.

8. Hasta un 3% de la población tiene un tercer pezón. Porcentaje equivalente al del número de personas que tienen los ojos verdes, este inesperado amigo puede ubicarse en el torso, en los brazos e incluso –sorpresa–, en la planta del pie, y, aunque muchas personas optan por extirpárselo no es dañino en absoluto y podemos convivir con él asumiendo, eso sí, que sus placenteras conexiones cerebrales no son las mismas que las de sus hermanos.

9. Los humanos somos la única especie cuyos pechos se mantienen permanentemente agrandados. En el resto de mamíferos estos simplemente se llenan de leche materna cuando tienen crías para poder alimentarlas, pero después vuelven radicalmente a su tamaño original. Nosotras perdemos algo de volumen, pero nuestras protuberancias pectorales se mantienen en su sitio –más o menos, tampoco pidamos magia– después de ser mamás.

10. Hay que mimarlas. La piel que recubre los senos es mucho más delicada que la de nuestros brazos o piernas y se reseca con bastante facilidad. Si quieres mantenerlos sanos y jóvenes procura darles de vez en cuando una dosis extra de hidratación y jamás los expongas al sol sin haberte untado bien de protección. Un pezón quemado duele, ¡y mucho!

11. Fumar perjudica gravemente la firmeza de tus pechos. No, no lo ponen en los paquetes, pero una investigación llevada a cabo en la Universidad de Kentucky demostró que fumar habitualmente hace que la elastina, proteína responsable de que tu pecho luzca firme y voluptuoso, se rompa y deje que caigan a su libre albedrío con tendencia a irse cada vez más, y más, y más, hacia abajo…

12. No puedes ejercitarlos para que crezcan. Aunque en la tabla del gimnasio indique ‘ejercicios de pecho’, desgraciadamente, nuestras tetas no contienen músculos que puedan ser tonificados para que ganen o pierdan volumen. Sí podemos entrenar y reforzar los músculos pectorales para que los pechos no decaigan, pero de subir una talla, nada de nada.

13. Queridas, cada día las tenemos más grandes. Según una reciente investigación liderada por la doctora Nicola Brown, en los últimos 100 años el tamaño de los pechos femeninos ha aumentado hasta en tres tallas de forma natural. Ojo, que no es tan bonito como suena. Al parecer, los cambios en nuestro estilo de vida y alimentación relacionados con mayores índices de masa corporal son los responsables de que necesitemos sostenes más grandes. Vaya, una vez más nunca ganamos ni perdemos peso justo donde queremos, ¿verdad?

14. Todos y todas las miramos. Sin parar. Se acabó el mito de que ellos están obsesionados porque nadie queda libre de la seducción mamaria femenina. Así lo aseguró un estudio según el cual tanto hombres como mujeres nos fijamos en los pechos femeninos. Tras colocar un aparato en los participantes en el estudio para localizar hacia donde dirigían la vista, se dieron cuenta de que definitivamente se nos van los ojos hacia ellas, pero las mujeres son más rápidas en hacer el repaso de pechos, de ahí que se les note menos que a ellos.

15. Dime cómo duermes, y te diré cómo están tus tetas. Al parecer, acostarnos boca abajo aplastándolos contra el colchón o de lado dejando que caigan hacia izquierda o derecha, afecta a la forma y caída de nuestros pechos. Los ligamentos responsables de su turgencia y estabilidad van cediendo hasta que su labor termina, como se suele decir, por los suelos. ¿Lo mejor? Dormir boca arriba o de lado apoyándolos sobre una almohada para evitar que se hundan. Acomódalos y a descansar.

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