10 secretos a voces sobre el ‘aquí te pillo, aquí te mato’

Kiki. Del inglés quickie, que viene a ser algo así como ‘rapidillo’. Casi nadie usa ya esta palabra (con excepción de algún título de película y de una nueva app de dating que acaba de llegar al mercado), y nosotros, desde aquí, queremos reivindicarla. Porque un kiki implica sobre excitación, por la falta de tiempo, por lo prohibido de hacerlo donde no se debe… y eso siempre mola. Vale, si echar un kiki se convierte en tu única forma de tener relaciones sexuales quizás te acabe cansando. El sexo rápido también puede ser eso, sexo rápido. Y eso en El Sextante no nos gusta. Hay algunas cosas que debes saber al respecto para que, tanto si lo amas como si lo odias, la experiencia sea siempre placentera. Esto es lo que él piensa durante un ‘aquí te pillo aquí te mato’ pero nunca te dirá.

1. El tic tac hace que para él sea más difícil terminar. ¿Sabes eso de como estar en un baño público y que alguien que espera a su turno fuera no pare de llamar a la puerta? O cuando tu jefe pasa por detrás de tu puesto de trabajo y se queda observando en silencio cómo trabajas. Sencillamente, algunas personas no funcionan bien bajo ese tipo de presión.

2. Está tirando de banco de imágenes. Tu chico sabe que necesita terminar las cosas rápido, por lo que está buscando en su banco de memoria todas las imágenes de sexo loco que ha tenido en el pasado. En este momento es como el Dr. Manhattan de Watchmen, que puede existir a través del tiempo y del espacio, solo que tu compañero está pensando únicamente en cosas sucias mientras trata de dártelo todo aquí y ahora.

3. Hay una parte de él que se siente culpable. Un kiki puede ser un acto egoísta si sólo llega al clímax uno de los dos. Sin diferenciar entre sexos, para ellos suele ser más sencillo defenderse en este tipo de situaciones, mientras nosotras (no todas) solemos necesitar algo más de juego previo para llegar al orgasmo. ¿Qué tal si empezáis a calentaros en la cena?

Sexy young couple

4. De repente la sensación le recuerda los sprints de la clase de gimnasia. Si el sexo ya es en sí mismo una maratón, en modo kiki uno puede llegar a sentirse como si estuviera corriendo los 100 metros lisos. Y como en toda carrera olímpica que se precie, esta también puede convertirse en un infierno si a pesar de darlo todo hasta el final, resulta que necesita seguir un poco más para superar la línea de meta.

5. Sigue mirando el reloj. Se supone que debía reunirse con sus amigos para cenar en 10 minutos y lleva 15 intentando ‘llegar’. Su cabeza espera que funcione la excusa del tráfico.

6. En realidad merece la pena llegar tarde. Porque aunque corto, es sexo, y sexo del bueno. Aunque es posible que sus amigos se mosqueen y que se pierda algunas cosas, si se retrasa un rato o tres horas habrá valido la pena.

7. La higiene a veces se lleva la mitad del tiempo. Necesita cambiarse de ropa, ducharse (o al menos asearse un poco), puede que cambiar las sábanas… Y esto puede llevarle más tiempo.

8. No hay tiempo (ni es lugar) para duchas. Está todo sudado pero no hay tiempo ni duchas cerca, así que sus amigos tendrán que asumir que ha corrido para llegar al restaurante y puede que se burlen de su baja forma. Nah. Sigue mereciendo la pena.

9. No está seguro de cuándo deja de ser un kiki. Sinceramente, si la cosa continúa después de un tiempo digamos ‘corto’, ¿deja de ser un kiki y empieza a ser sexo? ¿En qué minuto está el límite? Fácil. Cualquier polvo que dure más de 15 minutos parece un tiempo razonable para pasar de nivel.

10. Casi se tropieza con sus propios pantalones (8 veces). No es raro que el sexo rápido comience sin que hayas tenido tiempo de quitarte toda la ropa. Es posible que ciertas prendas ni siquiera se desprendan completamente de tu cuerpo. Lo que significa que es posible que le veas en modo perrito luchando contra la adversidad de tener los pantalones enredados en los tobillos.

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